miércoles, junio 11, 2008

rosabetty muñoz / poeta de la tierra / ancud / chile























En nombre de ninguna
Selección poética


Esta, la de la foto, es la misma que jugaba con su muñeca
todo el día y en la noche la arropaba para que no sienta
frío ni miedo. Se resistió a tirarla cuando perdió un ojo.
Siguió negándose cuando cayó sobre la estufa y se quemó el
brazo de goma. Y cuando se le apelmazó el pelo. Y cuando quedó
con una sola pierna.
Es la misma. Sin señales de pena, posa con los restos del recién
nacido sobre los trapos con los que limpió el piso.







Cuando cayó su muñeca al pozo séptico a ella misma le
cubrieron la nariz con un pañuelo impregnado de colonia
y la bajaron amarrada de la cintura para rastrear
entre la mierda de los suyos. Después tuvo que refregar el amasijo
de plástico y sacarle brillo a los ojos de vidrio. Y después
lavar la ropa, lavar la ropa toda, toda la ropa. Y todavía más
tarde, escarbar con una astilla debajo de las uñas donde el olor
se concentró para siempre.







Me acuerdo del día que vinieron a pedir mi vestido de
primera comunión. Permanecía guardado, envuelto
en un género también blanco porque lo habían bordado
las monjas del hospital y mi mamá demoró meses en pagarlo.
Fui con ella al velorio y ahí estaba. Arriba de la mesa
habían instalado una silla y, entre cojines, acomodaron al angelito
con mi vestido puesto. Aunque le arreglaron el pelo con
mi toca de flores rosadas, igual uno se daba cuenta de la verdad
por su cara de cera con los ojos cerrados y los labios violeta. Parece
que le habían pintado dos círculos encarnados en las mejillas.
No lloré por el miedo a morir, como pensó mi madre, sino
por el olor a entierro, cómo iba a sacárselo.







Y ésta es la Bernarda. Ella leyó en el diario una noticia
sobre el asunto de las guaguas botadas en basureros públicos
y se le contrajo de golpe el vientre vacío. Reclamó
en el juzgado al Primer Niño para acunarlo muerto, le puso
de nombre Aurora y lo enterró en un lugar sagrado para tener
dónde ir a dejarle flores. La tumba que compró es amplia para
que vayan llegando sus hermanitos.







Basura

Ahora tenemos aquí
una bolsa negra que contiene un niño.
Sabemos que sufrió.
Que se retorcía.
Que se le pegaba el nailon
en la abertura de la boca.
No alcanzó a reír.
No alcanzó a colgar
de la ternura de un pezón.



Boca de Río

Ay del cuerpo abierto en canal
despojado de su niño
en operación de urgencia
(sobre la mesa de la cocina).
Ay de la que se entierra un palillo
o un tallo de apio o una rama de espino.
Ay de la que se toma una taza de cloro.
Ay de la que se acuesta boca abajo
mientras su amiga le salta encima.
Ay de la boca de río que la contiene
y de esa agua ya para siempre turbia.
Aquel cuyo espanto le obliga a volver la vista
habrá de inclinarse y anegar sus ojos
ante la niña de vientre hinchado.
Habrá de dolerse.
Ahora no es tiempo de amarrar la lengua.
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