sábado, junio 09, 2007

john cuellar /poeta antroposófico/ licenciado en lengua/ director revista "parnaso" /huánuco /perú





















Poemas inéditos


Antroposofía

A Mario Malpartida, humildemente.

Cuando uno nace, nace,
ya en cuatro paredes de mármol
o en cuatro columnas de barro:
al fin y al cabo, es lo mismo.

Ser humano es caminar
con la piel y con el ensueño,
amar alguna vez
y tener el fruto real e imaginario.

Observar es ver lo inusual de la rutina,
de las caminatas, los gestos y las sonrisas de siempre:
es estar en un espacio
donde con seguridad permaneceremos solos.

Pensar y sentir es besar la muerte,
a cada instante, a cada paso:
es cruzar un territorio minado
donde seguramente tendremos bajas.

Nosotros vamos para allá, para todos lados,
en medio de fanfarrones nos mezclamos:
es nuestro destino habitar con ellos,
tenerlos presente y olvidarlos.

Nos consolamos en nuestra corta vida,
en el cansancio de piel que ya no sonríe,
aunque la humanidad presente
nos brinda sus brazos placenteros.

Una vez muertos, en cuerpo o espíritu,
nos internan en una cárcel de mármol
o nos cubren de esencia física en un pozo;
así aguardamos, ansiosos, el volver a encontrarnos.


Poema en ejecución

Me negaron el ritmo,
por beber a destiempo:
soberbiamente me condenaron
a no ejercer este oficio.

Confiscaron mis metáforas,
por ser la de un pecador inconfesable:
dogmáticamente me obligaron
a seguir sus pasos rectos.

Me privaron de la rima,
por sonreír en puertos desolados:
sesudamente desenvainaron sus espadas
para acabar con mi locura.

Mataron mis palabras sutiles,
por andarme con remilgos;
antojadizamente aseguraban
que era una sombra absurda.

Al fin, cuando aprestaba a marcharme,
encadenaron mis pensamientos,
sometieron mis manos al fuego
y amputáronme las piernas, para ser como soy.


Poema nocturno

Soy el néctar
del desdichado
de rostro encubierto
que acude a este recinto
donde gritos, gemidos
y melodías
se moldean
en un frenesí
fugaz
de memorias.


Inexistencia

A los amigos
y a los no amigos.

Aquí el mismo
luego de un funeral
el mío
muchos tal vez
sin día
ni vitalidad
con momentos quedos
con quedarmes
en retablos de duelos
donde monótonamente
los ecos
recuerdan
la mala pronunciación
prorrumpida alguna vez
amoldada
y sometida
a un juramento
adánico
entre inocencia
y llanto.

Aquí en silencio
en un suspiro
inmerecido
da igual
si puedo revivir o no
lo no realizado
en espirales platónicos
como una recreación
del olvido
del imaginario olvido
del inexistente recuerdo
reinventado por ese Dios
oculto
más allá del más allá
donde
la muerte ya no es
y donde el hombre
ni es imagen
ni recuerdo
ni él mismo.

Aquí aguardando
el tren que recorre
las noches posibles
y cruza
el desierto circular
de la negación
y el desafío
observando
mis penas
inmerecidas
y espectrales
y mis enfermizos
lamentos
en medio del frío
y del dolor
también posibles
nada más da
sino hurgar
mi propia inexistencia
en este segundo etéreo.


Mutación III

Otro día en que somos el abecedario,
el fracaso a mediatinta,
el verso que se olvida
en el rincón de un falso armario.

Otro día en que la bocanada
imita el ritmo de la nada,
otro día en que el pensamiento
revela el tardo sentimiento.

Y se muestra así la híbrida luz,
los pasos frígidos y suplicantes,
acudiendo entonces espectros lacerantes
que se escurren por el tragaluz.

Plumas y tinteros y tinta
pululan las casas semimuertas,
las manchas negras en las veredas
delatan una desgastada rima.

Y entonces al salir la luna,
después de tanto grito extinto,
algunos rastros mutan a yo existo
e inician su camino a la ventura.


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