jueves, noviembre 12, 2009


alexandra botto - poeta de oscuros evangelios - monterrey - nuevo león - méxico



























Al gato que sólo quiso a Harry

A Luis Felipe Comendador


Y según el gato que sólo quería a Harry, aquel rey no perdía oportunidad de levantar falsos castillos en el cyberespacio.
Perdido en su gozo escribía sus versos relumbrantes bajo el alféizar electrónico de su ventana, haciendo saltar su luz por las teclas.

Adentrándose en su reino caminan las hadas callejeras y las brujas despechadas, alicias arquetípicas que celebran junto a dioses de papiro.
Magos y caballeros medievales de la Corte lo miran con envidia.
Y las diosas,… ésas lo miran con lujuria.

Quién verá su rostro somnoliento en las mañanas?
A quién dedicará el rayo violento de la consciencia?

No es más que un hombre, uno lleno de palabras.
Su ego es una flor carnívora y en su andar va crujiendo la emboscada.
Así me lo advirtió el anciano del sendero mientras se alejaba de la tertulia
palaciega.

En su retiro de juglar, en el momento en que nadie lo ve y me presiente,
el rey canta al otro lado del océano, donde sus ojos verdes son iluminados por una cámara web y su canto puede desaparecer con un sólo click.

…….., estás allí?, pregunta.

Y yo le permito hacer flotar mi nombre en la pantalla y gravitar en celo hasta la piel virtual.

Juro que así ocurrió mientras iba en camino hacia el palacio.

(De “Todos mis Héroes”, inédito)


A fuego lento


No
nunca se termina de golpe
siempre son muertes pequeñas
que nos dejan apestando
las heridas

A morir
a rabiar
a extinguir
a doler
porque por sobre todo doler
abismar

mientras nos miramos filosos
y rodamos por el suelo
con el peor instinto devorándonos

Así es como se matan las bestias
en cautiverio

De esta manera es como ha de hundirse
a la noche
a sangre y estruendo


Adherida a un tumulto de adioses


Hemos perecido en la violencia

a la sombra de nuestras murallas

agazapados en una lágrima



Alguien ha visto...


Alguien ha visto mi último geranio?

Lo he perdido en esta iglesia de palabras

en la oscuridad de una noche orgiástica

en mi enredadera de cuerpos masculinos



En medio la noche


Nahual.

Y esta línea muerta agudiza el silencio entre nosotros.

Una ráfaga sibilante hiela tu nuca, sientes que tu cuerpo está lleno de rendijas
y crees que el olor del cempasúchil puede ser verde, poderosamente verde
y lo asumes como un hecho verdadero.
Los olores dejan secuelas en el inconsciente y despiertan con una mínima provocación tus recuerdos de lujurias destrozadas.
Nunca está demasiado oscura la memoria, barranco donde despeñan mil voces con la ira adormecida en la palabra.
Tu piel extraña el vértigo perverso y suave de mi desnudez,
mi rabia murmuradora.
No preguntes quién soy yo mientras crezco en tus sombras.
Soy un nahual etéreo y tú no esperas sentir el frío metal en las entrañas.

Hay un ciego en tu pecho cuando lloras, presientes tu agonía llegar con pesadumbre.
Frente a los nahuales pasa toda la vida de su elegido:
Los pequeños presentes,
los sacrificios auto-inflingidos por querencias,
los rituales, la máscara y los vientos.
Tú no estabas a salvo mientras sonaba el tambor en la tierra.

Y si nada importara más que tu cuerpo desnudo y blanco,
ahora con tu risa haciéndose un punto a lo lejos,
serías el dios de la noche que cruza en mi cabeza.
Escenas de bordes fantasmales emergen de tus sueños,
ciudades amarillas y gastadas donde la voz de tu madre se confiesa:
Señor,
he dado a luz un hijo
que no distingue el Bien del Mal
Encomiéndalo al resplandor azucarado
protégelo de las santas ánimas
de las culposas Yadiras y Brendas
guárdalo de acercarse al carbón
y del nopal

Pero yo te perdoné,
vi tu soledad carcometodo,
pensé en ti con infinita misericordia.
Esparcí el maíz y el mijo,
buscando tu corazón para dárselo a las bestias.
Y porque la Luz sigue a la Luz mansamente
hoy te leo el último evangelio.


Jack el destripador en ciudad juárez


No man’s land, dijo Jack,
y se ajustó la corbata antes de salir.
Los demás leímos en el periódico:
Encuentran otra mujer asesinada.

Protestaron las actrices de Hollywood,
las mujeres en España,
las madres todas,
el FBI,
la ONU.
Los políticos iban y venían
en el carrusel del poder.

Entonces pasaron los años,
los cuervos emigraron a otros ojos
y la tela del vestido fue cayéndose a pedazos.
La cicatriz del rasguño de la última víctima
era casi invisible.

Y a Jack no le recordaba nada.


La suite de aspecto animal


Dos y media de la mañana.

Los faros continúan arrastrando su luz por el asfalto
y la oscuridad apilándose a los lados del camino.

No te das cuenta de tu rostro escarchado por los relámpagos,
de las ramas de tus cabellos suturando la electricidad del aire
y que transforman al viento en una llama transparente.

No hay cielo?

No hay tal.

La mariposa que soñó nuestros destinos dejó en tus alas el resplandor contagiado de mi fantasía.

Mis deseos acechan en tu cuerpo desnudo el vínculo carnal con mi conciencia.
No hay erección ?
No, es un lirio blanco.

Ahora un sollozo confunde todas mis pesadillas y en el silencio encanecido de tu ausencia una idea abandona la tierra..

Ya basta! Desconecten el neurotransmisor, curen las heridas de sus brazos, que permanezcan fijas las imágenes de su neurosis en la pantalla.

No lo acorralen, tampoco lo rasuren, que no escape.
Manténgalo en la zona emocional.
Si es necesario provóquenle una aurora boreal.

Faltan veinte minutos para un poema.


miércoles, noviembre 11, 2009


eduardo robino - poeta de senderos desconocidos - salta - argentina



























Poemas del libro “Hasta que irremediablemente llegue el día”


la mañana

prepara otra contienda mientras hace tostadas.
grita a su niña para que se adelante, el transporte escolar no espera nada,
pocas cosas esperan en la vida.
en la radio volvieron a fallar con el clima, un sol helado desciende sobre las ramas sucias.
Tomás no se ha vestido, ayer no se ha afeitado, tampoco esta mañana irá a buscar trabajo:
el almuerzo será puntual, inmaculado, como toda disculpa.
se ofrece a sí misma la ironía de dejar la basura al lado de la puerta.
levanta su cartera y sube al auto de Mirta, que se pintó los labios en la espera,
ya en la oficina toma el té de la mañana mientras hojea expedientes.
Fernando llega a tiempo, algo perdido, con alguna ocurrencia sobre la chica nueva,
ajusta el pasador y comenta algo sobre sus aros nuevos,
mientras, desajusta la blusa de mercedes, levanta su vestido,
y con delicadeza lleva su mano por la pierna hasta el pubis.
ella muerde sus labios y le desprende el cinto.
en todo juego hay reglas que se dejan de lado.





la cena

la dicroica enmarca la copa de vino, el pescado decorado a dos hierbas,
la pequeña panerita a la izquierda, la servilleta blanca, pesada, regalo de los tíos.
la botella está helada, es de un buen año: el noventa y cuatro fue bueno en torrontés.
Mercedes acerca la copa a su boca y da por comenzada la función para uno,
dejando tras de sí las horas de escritorio, recuperando el brillo de sus ojos.
en el equipo, Parker ejercita su pequeña y solitaria epopeya, que se pierde sobre sí,
hasta que irremediablemente llegue el día.
el vestido suelto, de algodón, permite descubrir el contorno perfecto de los pechos,
el delicadísimo trazo que curva la cadera, el pubis plano.
y ella piensa, al saborear detenidamente cada bocado, cada sorbo anhelado:
“si pudiera yo misma acariciar mi sombra.”

palabras

la última carta, quizás por el lugar común,
fue la de más fácil redacción: “sr. juez”.
costó la de “familia” y, un tanto menos
la de “tío Rafael”. estuvo a punto
de escribir una más. dejó abierta
la ducha, no tuvo fuerza
para hacer un café.
escribió, por ultimo, la nota:
“Florencia: te amé. lo hice por vos.”
lo escribió
con dolor. tomó de nuevo el cargador
y resonaron luego, aún
más fuertes, las palabras
de Marcos esa misma mañana: “voy
a decirle todo, todo, todo
a tu papá.”



azul
A Félix Sabaté Aráoz

repite mentalmente aquellos versos:
“que alegría vivir sintiéndose vivido...”,
que fantástico recordarlos, latirlos
entre las sienes húmedas, transpirarlos,
en el pecho agitado, abarcando
el aún costado tibio de cama destendida:

“María está allí, ha encendido la ducha, despeinada,
estuvo a mi costado
desnudos nos reímos agitados, nos reímos
de todo lo pasado, de la historia infinita,
de las calles repletas y las calles vacías,
de las tazas que abarrotan colillas.
la escucho: me dice nuevamente
que no planeaba nada, que la suerte
nos reencontró esta noche
en casa de Georgina. -yo sabía,
en cambio, que ella iría-.”

el agua corre por sus pezones tibios,
transparente, perfecta.
la escucha, entonces, cantando
lentamente, en baja
voz “azul, y es que este amor
es azul, como de tu mirada nació
mi ilusión, azul, como una lágrima cuando
no hay perdón...”. alcanza el vaso, bebe
un lento trago, tembloroso
alcanza los cigarros:
no se escuchan aún los colectivos y faltan
catorce siglos para la madrugada.



El otoño del saltimbanqui
A Santiago Sylvester

no es el reuma que encrudece los huesos
en este mayo frío, ni las hojas
mojadas, adheridas al suelo
sin poder levantar, vencidas
por el mismo elemento que las hizo
crecer y madurar. no son los años,
aún articulados, enhebrados ordenadamente,
cobijados en la piadosa tristeza
en la que convergen sin contrarios
el dolor y la alegría de los antiguos días.
no es ni la muerte, esperada
como un suceso más
digno de esquelas, de flores o de olvidos
lo que me tiene aquí, debajo
de estás sábanas gratas, aunque innobles.
Es el aire, Pierrot, el que se ha puesto denso,
Es el aire, mon frère, quien me rechaza



murmullos

alamedas dibujadas en los pocillos de café
deslizando sus nombres
en la ventolina templada de febrero
servilletas de lino bordadas y una tetera humeante
un gesto casi imperceptible
entre las manos
el equinoccio de la desnudez
la sinuosidad del sol en los postigos
develando el polvillo que ambula como insomne
hasta detenerse secretamente impuro
sobre la memoria en lavanda de tu desavillé
apenas un desaire
que nos permite atardecer tras el periódico.




el vestido de Jessamine
(sobre una fotografía de Keith Carter)
a Julio Carabelli

En una vieja percha
colgando de una sucia pared
están los breteles vacíos
del vestido de Jessamine
los vuelos del vestido
guardan trazos de lunas con el jazz
disimuladas miradas obscenas
la risa fresca del alma de los negros
del vestido de Jessamine se desprenden
acordes
que no logran dañar
la marcha de los años
que siempre
que inescrupulosamente siempre
nos toman desprevenidos
solos
en la pista de baile.


Poemas de “Lilas talladas en un cristal de roca”


los biblioratos de Caín

hay vestigios de huerta abandonada entre los escombros de la ciudad de Nod,
nada detiene allí la forma del desierto. algunas tiras secas, resquebrajadas,
fueron calabazas allí, en lo imposible, un día. incluso había duraznos
y antiguas vides, casi rocas al tacto sus ramas y sarmientos:
los ciclos de las estaciones no turbarán sin más
las neutras maneras de la eternidad. Las golondrinas
atravesarán dos distintos mares antes de su llegar.

han hablado de mi corazón negro y encontraron ayunos
y tambores más allá del sabbath: mi nombre
ha forjado una lanza que no duerme jamás.

hoy respondí de nuevo las preguntas que hace tanto me hicieron.
nadie puede saber si mi tono ha cambiado, si lo recuerdo
dormido en la ladera, esperando
la noche. no son aquellos vientos
los que volcaron el blanco entre mis sienes,
los que secan mi voz: mi grito desvanece
entre montes de piedra que nadie escribirá.

“llámesele o no, Dios estará presente”, he tallado
encima de mi puerta. nadie me lanzó piedras,
ni han usado hachas ni hoguera para mi redención.
las palabras se han vuelto sobre mí
como la ponzoña de un alacrán. el cuerpo
de mi hermano guarda el último eco
de la ciudad de Sion.


he regresado un día, oculto entre luciérnagas,
mi madre me esperaba: reconoció mis pasos
cubiertos de intemperie, y en el oscuro agosto
sus labios han secado cada uno de mis párpados.

“tu casta está maldita”,
han prometido algunos llegados a mi piel.
una mujer me mira detrás de los olivos.
el aire que la envuelve me ha enseñado sus planes:
siempre hay mujeres dispuestas a perder.

Detrás de las montañas
las estrellas enmudecieron como un aria infinita
desplegada en la arena.
retornará a otro mundo el mirlo
después de su verano. vendrán praderas
donde el trigo y la avena sean de nuevo.
he pedido la lluvia.
Dios ha llorado de nuevo en mi caverna,
furtivo entre los médanos, su corazón
quebrado junto al mío. he pedido la lluvia,
y se ha marchado.



barlovento

hace tiempo que no encuentro al pequeño
que escapaba de la caverna del indio Joe.
no sé si alguna vez el humo de la pipa
lo repondrá en su surco. tal vez sólo ha quedado
la Mompracem destruida, diezmada por la peste,
con columnas de humo visibles desde el mar.

peregrino en los acantilados, espero días
en los que vivir sea barlovento,
y renazcan en mí las flores de amancay,
o alguna vez las brasas,
cuya costra en ceniza disuelve la memoria,
o mis pies descalzos sobre el lecho de un río
que no ha cambiado nunca.
y sano la ceguera del presente continuo,
y he sido los que he sido,
y hemos partido el pan.

“Krakatoa: al este de Java”, su peso de viejo resplandor
a contraluz; no el film, sino la frase que gira en el vacío.
no el volcán, ni los que se fueron a tiempo en esa barca
promulgando el amor frente al desastre.
son los ojos del padre, de joven, en un cine olvidado,
la madre que sienta su resignado cuerpo junto al mío
acurrucado, viendo caer el domingo.
el mar, ensimismado, y una montaña nueva
en la que asientan, como en la creación,
las aves todas.

a veces pienso en Dios
que en agosto huele a mandarino
y existe por momentos,
como un mirlo,
comiendo migas en un patio ausente.



lunes, noviembre 09, 2009


marión berguenfeld - poeta en estado salvaje - buenos aires - argentina























Estrip



geisha

“…que influencia tienen tus labios
que cuando me besan tiemblo
hacen que me sienta esclavo
y amo del universo”

“Esclavo y amo”(bolero ranchero)


en el vidrio soleado
un ala de mariposa
pienso en insectos
duermen para nacer

miro las nervaduras
su trasparencia

él me sostiene al trasluz



amok

de toda bestia
la más loca el amor elefante
asierra con patas el palmar
alza la trompa al fatídico dios

de todos los embestidos
de todos los amantes despechados
el grandote
el peor
ángel rugoso
masa con doble azúcar

justicia

un elefante baila
a muerte
sobre tu aldea



arsénico

¿mirar o que te miren?
preguntó

litros de ron cubano
recostado en mi alfombra

cargó la magnum

tu nena mala dije
y puse jazz

quedó seco
los ojos como platos
a mitad del estrip.



debut

salí de corto
de violeta
de golpe

ya no quiero volver

al parque
un camino de miedo
(báncate
princesita idiota)

salí muy maquillada
a lo que venga

les voy a demostrar
tienen culo los ángeles

este maldito invierno
me parte en dos.



el olimpo
tu látigo será tu condena,
el mundo esta conectado,
cadenas…

Nach Scratch
quemar su red
con ácido incoloro

una mordida rápida
el hueso le hace crack

no puedo verlo
mis alas para abajo

de atrás
encapuchada.




ginebra flash

la cruz gamada primero
después su entrada
de cazador
y las botas cerradas

había niebla en el bar
todo fue rápido


montamos hacia la nada
la noche más larga del invierno

el chico malo de la cruz
ajustó el nudo
en el hierro de la cocina
arder a palma abierta
cuánto falta para morir

no mires al amo desnudo
amos y esclavos en soledad
tan cerca el amor y nada

en la puerta
me dio una camisa azul

cubrir el daño
mi vestido roto.



marilyn blues

fui creada para el asedio y la maravillatengo una carne tan dulce que ni siquiera se puede morderporque ni bien me besansoy azúcaralcoholun plañido que no se consuela

para el asedio me hicieron una noche de llenay demasiado pronto me pusieron al frío del amanecerpresa en la torre alta de un cuerpo descontroladosupe los milagros del amor apenas por reflejo

he dormido con armaduradesde el inicio de mis días activospude con los cachorros que me crecierony el arte de jugarpero sola permanecí, guardada, intactade una pureza que ni yo misma comprendo

nadie dejó marca en esta arena ondeada
donde sigo descalzay te llamoy estoy.


potestad

a los doce
me vendió en la feria
plañían las mujeres de la casa

no recuerdo el adiós
sólo al viejo
su mano de lagarto
los billetes
el olor a sopa

nadie elige al cordero
mi padre que se va

domingo, noviembre 08, 2009

eduardo espósito - poeta del caos cotidiano - paso del rey - buenos aires - argentina
Quilombario


Unos llevan rosario entre las manos
Otros un libro
Otros un hato de acelga
Yo un Colt de película de John Wayne

Susana Thénon



Los unos y los otros


Tabula Rasa


Job 2:11
Todo consuelo está lleno
de lugares comunes
Erramos de manera estrepitosa
zeppelines de piedra
salvavidas de estaño (parecemos)
hundiendo a quien amamos
en la profundidad gelatinosa
de un sofisma
que ni a nosotros convence
Zarza ardiente que quema
al mensajero
La simple desventura agigantada
por un presunto empacho
sabiduría angélica
de parches y remiendos
Así se fue la Plath
envuelta en gases
así partió Alejandra empastillada
para escapar de tanto bien
El poema hecho astillas
desde entonces
el empujón final a una piedad
con sobrepeso.



Nenúfares de carne

Qué busca esa mujer en la madera del tiempo?
Ha ligado la noche con saliva
Con saunas de su cuerpo derrite los barrotes
Cama y celda son uno en el recuerdo
Busca clavos de amor? Seguramente
y en los encastres
flores de prisión de aguas
Nenúfares de carne
En el espejo en negativo de su cuarto un año ido
y el baño de manteca por las noches
Hombres de a dos y en pugna
La verga en ristre
Aquella esgrima púbica y brutal
Qué encuentra esa mujer en las vetas
en los nudos des–nudos de otras vidas?
una verdad articulada?
Limonada Rogé?
La baguette prenupcial?
Su tiempo se contrae desde el vientre
Con el alba inclinado
la matrona se astilla y desmenuza
respirando un destino de viruta
Del polillaje saldrá el huevo
que comerá su ayer



Una irrisión apenas

La calle negra de alquitranes y venenos
ondula al fondo de sí misma
Miasmas como bibelots
Recordatorios de una especie
humana acaso
y de que otros disponen de la lluvia
y de algunos vivientes casi a cuerda
hirviendo en el sudor de Dios
Desventuras de la chingada
Malformado destino hereditario
como si cada cosa bella
fuese pozo de otro sapo.



Diosa en danza

A Sol Stancanelli

Ella baila sola
colgando su presencia
de la nada
sumada a la memoria
de unos pasos
Ella baila llora ríe flota
acaso más divina
que el común inmortal
Extrañamiento de gnomos
en sus ojos
Las piernas a trasluz
huesitos de alabastro
Ella baila
tejiendo galaxias a crochet
dudando de su esencia
mirando hacia este suelo
con pavor
Ella baila sola / loca
Los hombres que la aplauden
no hacen sombra



El jardín de las miserias

Dos hombres de pie
desayúnanse un caballo en una plaza pública
Nadie los mira
La ciudad apesta a traperío viejo
Y al infierno del Bosco
Nadie ve el nervio de la cosa
sólo el caballo –también de pie-
con la receta entre los belfos
Le piden perdón y lo mastican
Dos Dráculas dos
raquíticos
invisibles de flacura
Disculpen la molestia –dice el caballo
hay que guardar una ración extra
para la cola que se viene



Todo fluye

Un hombre entra en el río
dispuesto a refutar a Heráclito
Trastabilla
Pierde pié
Es arrastrado por las aguas
Otro hombre será hallado muerto
en un río al que nunca entró
mañana



URBS-Vanidad


25 milímetros de ciudad
y después la nada
Esto no es un eufemismo
lo digo en serio
25 milímetros vibrantes
avaros maldicientes
de pura ciudad
empírica megálica
Un automóvil rodando
en cada ojo
y de golpe el vacío
la sensación de no estar más
de que tu piel se queda atrás
zurcida al último edificio
al último adoquín
desencajado igual que vos
sin ubre
sin cobijo
inmensamente solo
bajo el peso de una estrella




En el hospicio
La poesía es el vino del Diablo
San Agustín

Ella esconde sus huesos debajo de la cama
y busca esa palabra que la ayude a escribir
Las sombras de un horario distinto al habitual
podrían componer otra visión del mundo
una que linde en la locura
donde transida por el celo
admita el buen buqué de los vinos del Diablo
Acaba de quitarse uno de sus omóplatos
lo esgrime como un hacha frente a mí
Y sé bien lo que busca esa mujer
Se decapitará in situ si no interviene alguien
Los enfermeros parecen superados
le juran entre guiños que es libre como el sueño
Mis manos son de trapo mi orgullo de cartón
(grita la loca)
Viene muriendo Papa Noel con cada niño
de este mundo (clama la cuerda)
y ambas mitades se confunden en un solo chaleco
(Polen de escorpiones veneno de margaritas)



Acerca de la sensación ilusoria de que el tiempo se detiene cuando te enamorás a primera vista (MRUA)


Un hombre decide
pasear por las cornisas
de una ciudad impiadosa
No es el hombre araña
Su condición de héroe
ha caído en desuso
entre sus hijos
Es más bien
el regusto seco de la muerte
lo que lo acerca
al vuelo de la vida
Al frío refilón de los asombros

Una mujer parte
a una aventura similar
en el revés del edificio
No calza un batitraje nocturnal
pero es hora de mostrarles
que se puede
Es acaso la danza de la vida
con su doblez de náusea
lo que la acerca
al gusto dulce de la muerte
Un acre repudio
a todo tedio

Él: elegante sport
Ella: de mini
Se encuentran dos segundos
en el aire
Se gustan de una
Se desean
No alcanzan a tocarse

Mala suerte.



Pensamiento Mágico

Huele a orines el baño de la niña
Huele a toallita recién menstruada
a gota gorda
y la mañana -sin embargo- la ilumina
y su pequeña tragedia cotidiana
se diluye como gotita al sol
La boca abierta a la luz
como una breva picoteada por los pájaros
Canta victorias que no ve
pero pretende ciertas
Por un mes más
por veinte días
Él podrá escapar a la existencia



Maldoror’s Lot


Al que madruga Dios lo arruga
dice el pobrecito
y asoma el brazo enflaquecido
por la ventana de las desesperaciones
Un pozo de dolor chupó a su padre
Le quedan siete bocas
siete verdades amaestradas
El problema es que vienen
con el resto del cuerpo
Herencia desmedida para un niño – padre
cuando el viento del norte es clandestino
El traumatólogo del cielo
nos soldó mal los huesos dice
El bracito de la limosna
nos sale del tobillo
Al que madruga no lo ven los de arriba
que se levantan tarde
ciegos al mal olor
Ojalá que se pudran con los ojos peinados



Yo
(y mi Colt)



Comic

El Capitán Feliz se cree una especie de Quijote pero sin escudero
Su padre fue el Llanero Solitario y su madre una vendedora de Avon
Su niñez fue difícil como la de cualquier superhéroe
(Los poderes de un hombre son inversamente proporcionales a su felicidad)
Nunca fue invitado a ningún cumpleaños
Tenía prohibido jugar a las pulseadas en el preescolar
Correr carreras de galgos en el barrio
Usar superpoderes en la cama con las chicas del bachillerato

Los atributos del Capitán Feliz
Supersonrisa amigable que transforma el odio de sus enemigos
en un sentimiento chicloso y lánguido
dejándolos adormecidos y con cara de papa como persona que va a votar
Supervista de rayos X
para detectar chalecos antibalas explosivos espías árabes
y las tetas escurridizas de su vecina
quien desde que lo conoce usa corpiños de plomo
Visión calórica
A consecuencia de las tetas susodichas
Invulnerabilidad (sólo en su interior)
se tomó 1 litro de laca marina cuando era niño
lo que lo hace inmune a los venenos y a las puñaladas
aunque le dejan cicatrices exteriores
Puede deglutir ladrillos, hojitas de afeitar
y cualquiera de las superpromo de McDonald´s
sin que su digestión se sienta amenazada
Superfuerza
sumamente útil a la hora del estreñimiento
También puede volar pero sólo a medio metro
del suelo porque sufre de vértigo

Los Archienemigos del Capitán Feliz
El cuartetero
Hábil rival del hombre de hierro
Emplea la denominada música de las esferas
(para rompérselas despiadadamente a la hora de la siesta)
Algunos afirman que escuchando su CD al revés
aparece el maléfico mantra cordobés “Marado´ Maradó”
El pastor Susano
Poderoso hechicero de voz hipnótica
Es capaz de transformar a cualquier creyente
genuino en una dócil marioneta sin piolines
No cree en nuestro capitán tampoco en Dios pero predica
su máxima hazaña fue robarle la camiseta de Racing versión descenso
La legión de suegras estafadas
Es una coalición internacional que persigue un único objetivo
castrar al Capitán Prolífico.

El atuendo del Capitán Feliz
Camiseta de Racing sin sponsor oficial
Calzoncillo de lycra por el lado de afuera
Pantimedias al tono
Capa prestada (que prometió devolverle a Robin
cuando los superhéroes cobren los haberes atrasados)
Antifaz tatuado sobre el rostro para evitar el careteo

Las esperanzas del Capitán Feliz
Poder reír a carcajadas hasta partir el mundo
Poder pegarlo nuevamente
Volar hasta la ionósfera sin que me falte el aire
(Aquí es cuando revelo mi identidad secreta)
y ser aceptado como terrícola sin renunciar a mi marcianidad.

maría gabriela abeal - poeta de la voluptuosidad - buenos aires - mar del plata - argentina



























Tríptico


I

Me inclino llena de frescura.
¡Aquí me tienes!
de rodillas
esclava de tu asta.

Castiga sin piedad
a la flor roja,
a estos labios
que desean
el filo de tu lanza.


II

No habrá piedad
para el fuego de tu cuerpo.
Te lo dice,
la reina de la llama.
Arderás
condenado a mis deseos,
hasta que tu vida
se derrame en agua blanca.


III

Te impongo
los pechos en la boca,
para que sientas
el sabor de mis beatas.

Para que el delirio
te borre la conciencia
y me muerdas
de placer hasta el cansancio.




Rosada carne

No existe otra primavera
que no sea
la que entre las cobijas nace.
Los capullos se abren con caricias.
La tibieza se enciende en las pupilas
y en la incandescencia enmarañada del catre.

El corazón desenfrenado lucha,
mientras la fusta exige enarbolarse,
agitado, pelo al viento, sin montura
para llegar al recoveco penetrable.

¡Gloria a tu sublime gallardía!
No había existencia sin tu tacto.
Legión de soldados sin fronteras
son tus dedos
cuando juegan al combate

Juro ante el patrono de la lucha,
no negarle jamás el néctar a tu carne.
Tampoco me prives de tus jugos.
No habrá invierno sobre el lecho,
ni la muerte del amor en nuestras ansias.




Nereida

Ya no soy la sirena que te espera,
en la orilla de las costas donde anclas.
La que canta en tono tormentoso,
añorando que regreses a mis aguas.

Ya no soy la que oculta los deseos,
en la espuma de la cresta de las olas.
La que zurce los versos excitados,
para luego volverlos caracolas.

Ya no soy ese rictus de nostalgia,
suplicando ser humana y no nereida.
Me bebí la energía de los mares,
ahora un pulpo en mis sales se aparea.



Acaríciame

Arrullame los sentidos en tus brazos. Que despierten a mis oídos tus susurros. Y los vidrios empañados del invierno, se conviertan en espejos del delirio.
Silénciame los sonidos de la calle. Quiero ser el eco de tu arrojo.
Que la luna sea lumbre en las afueras. En la alcoba hechicera del instinto.
Tu boca que encandile a mi inocencia y asuste de una vez al equilibrio.
Beberé hasta saciarme de tus pliegues. Dejaré que mueras dentro mío.




Sobre las sábanas rojas

I

Aquí estoy, otra vez sobre la nada, esperando que llegue la bestia de algún cielo enrojecido de donde haya sido desterrado.
Me expongo sobre la cama, como guitarra criolla, porque quiero que la curva te llame sobrexcitada con su dedo imaginario.
Entonces tenso mis cuerdas y la melodía brota, intento que sus acordes sean algo insinuantes por si estás a pocos metros llegues hasta mis senos con apetito voraz, famélico de lujuria.
Ahora quedo de espaldas, arqueada espero tu flecha, sentir la tensión de la carne y el embestir de tus venas. Quiero ser el reptil que te ciña sin reparo, que te deje sin aliento solo con el poder de engendrarme los orgasmos.


II

Abrazados nuestros cuerpos no se distingue al macho, está metido en la hembra derritiendo sus entrañas. Hay fuego en las paredes, las puertas no tienen llave, los gemidos son el eco que invitan al forastero a querer pasar el rato.
El desenfreno se inicia sin pronunciar palabra, hay agujeros negros que desean ser cubiertos de lo obsceno y osado. Todos parecen pulpos en un mar desvergonzado, el sudor embriaga al tiempo y los pliegues se refriegan al ritmo del paralelo hasta quedar agotados.


III

Desnudame la memoria, penetrame la conciencia, háceme esclava del tiempo, de tu sangre enardecida, de los siglos de experiencia.
Robame las pertenencias, secuestrame entre tus brazos, volvé locos a mis pliegues que pierdan su independencia y encuentren la libertad cuando los dejes sin vida bañados en tu simiente.
No te vayas de puntilla, no dejes que me reponga, grita que viene guerra, incita a la pereza a que quiera dominarte a fuerza de cabalgar mientras se trenzan las lenguas.



IV

Bajo la ducha caliente lavamos nuestros pecados, bendecimos las bocas y juramos con los dedos que volverá a repetirse esta escena en otro cuarto. No nos importan las críticas, tampoco morir juzgados, la carne quiere caricias y los huesos friccionarse hasta quedar desvastados.
Nos vestimos de cordura para salir a la calle, pero hace ya mucho tiempo enterramos la prudencia en las macetas del patio.




Crónicas de una mujer pequeña I


Despojada de ataduras festejo el natalicio de tu llegada a la tierra.
Sobre mi piel se despliegan globos multicolores que le indican a tus ojos en qué guarida es la fiesta.
Habrá torta de burbujas, bizcochuelo de sorpresas, alfajores de suspiros, masitas de tentación y bolsitas con relojes que anuncien la exaltación y destierren las saetas.
Las velas se encenderán desde el baño hasta la pieza, para que apagues despacio y pidas los tres deseos a la caja de Pandora que entre mi cuello y las sienes, sobreexcitada se encuentra.



Crónicas de una mujer pequeña II


Sobre la nada volábamos como ángeles perdidos, buscábamos finas hierbas mientras nos dibujábamos promesas en el ombligo.
Yo te contaba historias, vos seguías el eco y cuando no lo esperaba rodeabas mi independencia hundiéndome en tus besos.
Jugábamos a inventar un planeta sin tiempo, jardines llenos de ideas, praderas cubiertas de sueños.
Yo comía de tu mano como si fueras mi dueño, no había nada más bello que mirarnos a los ojos y descubrir sin hablar que lo nuestro era eterno.
El cielo era de azúcar, las nubes de caramelo, la luna se hamacaba rendida y embelezada por la actitud optimista del sol en su monasterio.
Me escribías palabras, luego eran sonetos, danzaba entre los puntos y cuando había una coma me detenía al instante y te colmaba de verbos.
Rojo para los labios, negro para el misterio, verde en las ventanas, el naranja y el violeta para la cama extendida sobre el suelo del altillo.
Molíamos el café para atraer los recuerdos, lo bebíamos despacio colisionando las bocas y entrelazando los dedos.
Si el timbre llegaba a sonar se fragmentaba el hechizo, por eso no había luz y en todos nuestros rincones velas multicolores nos mantenían despiertos.
A la hora de bañarnos recreábamos la danza que emocionaba al lucero, yo te secaba la cara, vos los pies y tiernamente los senos. Luego venía el viento y de un solo soplido a oscuras dejaba la casa, entonces como dos niños enredábamos las lenguas para jugar a la mancha y acariciarnos el cuerpo.


mariano ortiz- poeta endiablado - san salvador de jujuy - jujuy - argentina
























JUEGO OFICIAL

1

Hubo un tiempo en el que tuve la escritura vedada
un demonio se había atravesado en mi garganta.

Un elemental que como Legión,
uno en muchos y muchos en uno,
utilizaba las palabras de los filósofos
para negar la transmutación de la sangre en vino
y del vino en arte.

Tuve que escupir su nombre mil veces
vendí mi alma en mil parte
toda roja por las tranzas
le dejé un sueño a cada santo y
rayé con lo obsceno en la promesa.

Festejemos que cumplí el exorcismo y
droguemos con poesía las palabras



2


Nueve puntos no alcanzan
para curar el corazón de una muñeca

El amor se le escapa
las comisuras de sus labios
sólo alcanzan a retenerlo un poco

Hay que besarla antes
de que se acabe la magia.


3


Los espectros de la noche
inundaron con poesía todos mis cuatros

Culparon a los niños a los locos
la firmaron y muchos les creyeron.

El misterio de la llama
sigue siendo un misterio para el resto
su luz fue ocultada y prometió un fracaso.


4

Lo vi caminando tan alegre
cuando hacia jugar entre sus dedos
las llaves del kilómetro cero
que no me atreví a mostrarle el mundo real

Quizás el futuro me juzgue por no avisarle.


5

Era una noche violeta.
Una de esas pocas noches violetas
que nos dejamos vivir
después de los treinta

La luna
más llena que menguante
me dejaba ver los ojos brillantes
de mis compañeros

Ellos me hablaron de los cangrejos
de la acequia de un ya desaparecido camping de Tilcara
de la carpa en la barranca
del fuego encendido con cartón

Me hablaron de las montañas del sur
y del poncho primigenio

Una niña con un león
acercó el nombre de la frutilla que tanto me gustó
y que causó el final de esa noche
al menos para mí.


6


La espuma me llama a disfrutar de su bebida.

Pequeñas evasiones del gas
salpican apenas el aire que respiro
y puedo olerlas

Quizás mi olfato
se haya desarrollado
para percibir lo que me gusta
se volvió algo así como un sentido selectivo
que limita mi realidad

La boca se me llena de saliva y el pulso me tiembla
siete tragos y la vida parece más fácil
las mujeres parecen más fáciles
los amigos parecen más fáciles
la violencia parece más fácil
y así todo parece más fácil

Al día siguiente dolerá la resaca
pero no duele pensar en ella
es un fantasma que nadie anticipa
y eso la vuelve hermosa.


7


Qué tan rápido se puede viajar de regreso
cuando uno no está apurado por llegar
ni a la vida ni a la muerte

Se sabe que ellas nos esperan
en cualquier bar
con una cerveza fría
o con un vino urgente.


8

Cierro los ojos
y los cierro
Hago fuerza para cerrarlos
y para mantenerlos así
pero nada
no consigo lo que busco

La luz sigue molestando
las figuras continúan apareciendo
Los colores se vuelven cada vez más nítidos
y con más cuerpo.

hay algo así como una conspiración
qué no me deja cerrar los ojos
y escapar de este mundo.

Para que seguir viendo lo ya vimos un millón de veces
los mismos colores disfrazados de otros
las mismas formas dibujadas
en otras formas conocidas.


9

El diablo
El diablo disposición de los ingenios

Sólo les pidió el alma de unos cuantos obreros
Nada que complique la producción
al contrario
mejor si le dan el alma
de aquellos que se opongan al orden establecido
aquellos que se atrevan a pensar diferente

- no hay de que preocuparse- prometió el diablo
todo desaparece con ellos
nunca encontrarán los cuerpos
y nadie, por miedo, los recordará

El ingenio cumplió
pero al diablo lo engañaron
y algunos peores que él
se hicieron cargo del trato.


10

No me hagan trabajar los sábados
tengo un problema de adicciones
que no me importa solucionar

No soy amigo del diablo
pero hice un arreglo con él
y salí vivo del encuentro.

Voy a recorrer las calles
voy a cerrar los bares
voy a repetir lo que vine haciendo
hasta que tenga que saldar mi deuda con la ciudad

No pretendan que haga las cosas que nunca hice
Soy como un autómata
que siempre repite lo mismo
aunque a todos los sorprenda en el día a día
y crean que siempre estoy innovando

Estuve con el diablo y vi el futuro
nada queda librado a la suerte

El azar
es mi modus operandi
y aquellos que crean que soy un improvisado
los invito a calzarse mis zapatos y no ponerse a temblar

Tengo un problema de adicciones
que no me interesa solucionar
soy adicto a la vida
y al vértigo de la pragmática
soy adicto a todo lo que me gusta
y eso
también te incluye.


11

De las formas asomó
con la forma indefinida de una sombra.
Me miró y nos miró.
Nosotros ciegos por los besos
lo sentimos pasar murmurando los pasos
hacia la ciudad que lo esperaba

Los chicos en la plaza
disfrutaban la insolencia de la tierra
bajo la indiferencia cómplice de quienes los cuidaban.

Cuando la nube tapó al sol
se corporizó al lado de cuatro obreros
con botellas de cerveza
sintió digno su descanso
charló con ellos
rió sus chistes
lloró sus llantos
aconsejó y opinó
invitó su bebida
aprobó y recriminó
pero tampoco lo vieron

En el centro la gente compraba
Regateaba, negociaba y vendía
aprovechaba las ofertas del día.
cuidaba las monedas
para gastarlas después.
Deslumbrados por las vidrieras y las luces tampoco lo vieron

Buscó a los viejos
a los linyeras
a los poetas
Fue a los puentes
a las plazas
estuvo en todos los lugares y tiempos
Se acercó a todas las personas
comió de todos los platos y bebió de todos los vasos

Llegó un día en que un llanto cayó de sus ojos
recordó el sueño y decidió que era tiempo
de volver a él
y nadie lo vio.


12

Nadie les tuvo pena
la muerte los olvidó

Hace tiempo que se repiten a ellos mismos
hasta quedarse estáticos sin que ni siquiera el viento los despeine

A unos minutos de volverse piedra
a uno de ellos se le ocurrió mirar al de al lado
entonces imitándose
lograron vencer la inmortalidad.



martes, noviembre 03, 2009


andrés nieva - poeta de lo cotidiano - villa dolores - córdoba - argentina
























SELECCIÓN POÉTICA

Suerte

La suerte está echada
detrás de ese árbol,
justo para pegarle
una patada
y revolearla
por el aire.
Para que se desparrame
y cuando caiga
venga mejor.



Caramelos de goma

Conocí una chica
que me dijo:
"Para mí son un vicio,
los caramelos de goma
y la Sprite".

Me puse a reír y le dije:
"Convidame uno".
Me respondió: "jamás".

Le insistí cosa que no hago
a menudo.

Dijo: "Mmm no sé, soy mezquina.
Está bien.
Te doy una de las rojas
que no me gustan mucho"
y haciendo caras
echo una carcajada
y se fue.



Einichliebe

La esperó sentado
mirando de frente
a los colectivos que llegaban.

Le llamó la atención
que a su lado
había unos pequeños televisores
que mediante un peso
empezaban a funcionar.

Había cinco personas
mirando las pantallas
y los programas
que cada uno miraban
eran diferentes.

Uno veía las noticias
otro, un partido de bowling
el de la izquierda, un canal de ciencia
el que estaba a su lado, la señal española
y por último tres nenes veían
un canal de dibujitos animados.

Cuando ella bajó del colectivo
corrió a su encuentro
y le dió un ardiente beso.
Estuvieron un par de horas caminando
conversando tomados de la mano.

Ella era una rubia de ojos verdes
decendiente de alemanes.
Sacó de su bolsillo un chocolate
se lo metió en la boca
y le dijo a él que le sacara la mitad.

Hicieron eso un par de veces.
A ella le encantan los chocolates.
Después fueron a un hotel alojamiento.
Hicieron varias veces el amor.
Él pagó el hotel y la acompañó
a tomar el colectivo de las 6 de la mañana.
Se dieron varios besos
y ella desde el colectivo
lo saludaba emocionada con sus manos.
Esperó que se fuera el colectivo
y cuando ya se había marchado
dejando la huella de los neumáticos en el asfalto
recordó la frase que ella
le dijo toda la noche.

Einichliebe.



Cables de la luz

Me siento en una butaca
del colectivo,
corro la cortina y miro
por la ventanilla.

Es de noche,
sólo veo focos encendidos
y escucho el motor del coche.

Pienso que algunos
duermen sobre sus camas.
Otros quizás miran televisión
mientras comen algo
y fuman un cigarrillo.

Cierran sus ojos
y se angustian
de no llegar
a fin de mes.

En un momento
este pequeño pueblo
quedará atrás.

Mis ojos se irán
detrás de la luna
hasta desmayarse
junto a los pájaros
que duermen
haciendo equilibrio
sobre los cables
de la luz.



Horas

Las horas
están secas
como los insectos
de pequeños
coleccionistas.

Los espejismos
desaparecen
a medida
que nos acercamos.

La muerte
es triste y solitaria.

Vivir es morir
un poco cada día.

Recordar es mirarse
en el espejo,
peinarse y seguir.

El silencio es largo
como la espera.

Y las paredes
son caras difusas
que murieron
tapadas por el polvo.



Escalones

Flores secas
igual que migas de pan
mueren sobre bancos
de cemento
en los parques.

Los escalones
de la catedral
están ocupados
por rostros bronceados
por el sol.

Los monumentos
de las plazas
inmóviles y opacas
miran lo que nosotros
no podemos ver.

Froto mis manos,
me levanto,
y me pierdo entre la gente.



Pavese

En una pequeña biografía de Cesare Pavese
leí que cuando vio a la que él creía era su mujer
del brazo de otro se desmayó.

Parece que hay personas que sienten el amor hasta los huesos.
Es algo difícil de explicar,
Si lo intentara seguro fallaría.
Puedo decir que aman hasta las cenizas.
¿Y después qué?

Pavese,
lo escribiste en tu diario
"Es el oficio de vivir".


Antojo

A las nubes se les antoja el cielo.
En las noticias mencionan un deseo de lluvia.
El viento arrastra lentitud.



Cordones de vereda

Los pueblos en verano
son desiertos totales
de una tonalidad beige
que incendia los campos.
Las iguanas no se hacen notar.
Los pibes aburridos
con los ojos cerrados
encuentran algo de alegría
pedaleando en sus bicicletas
y estrellándose contra los cordones de veredas.



Mora

Es la hora 23:53
Los perros de los vecinos ladran.
A lo lejos escucho una balacera.
La ruta está cerca,
a tres cuadras,
se escuchan pasar los autos,
también la sirena de una ambulancia.
Y la perra en el patio
tiene su propia paranoia
observa en silencio
las arañas
debajo del asador.



Verano

Alguien fuma tabaco
La calle sonríe a medianoche
sobre carriles vacíos
y quietos de tanto silencio.
El cielo no es otra cosa
que aire condensado.
El verano es playa, mar, río, noche
demasiada gente, anteojos de sol,
bronceadores y trajes de baño.



El tiempo es un perro...

El tiempo es un perro solitario
que come las migajas que dejamos.
El tiempo es un perro que ladra
y siempre muerde.
El tiempo es un perro echado
en el medio de tu calle.
El tiempo es un perro
que huele mal
y golpea a tu puerta.



Toay City

Conocí el desierto.
Había tomado como nombre Toay City.
Igual que en películas del oeste.
Los arbustos rodaban por sus calles.
El viento sonda llenaba de mica los rostros de la gente.
Sólo vivían ancianos y borrachos.
Beber, la única diversión de sus habitantes.
La música en el pueblo,
el golpear
de las botellas vacías de cerveza.



Soy un caminante terrestre

Soy un caminante terrestre
que pasea por la luna.
Alguien que no le gusta afeitarse
y deja crecer su barba hasta que molesta.
Un oyente incansable de historias falsas.
Junto miles de noches silenciosas
guardadas en vasos
que descansan al revés
sobre repasadores de tela.
Con el paso de las sombras
voy dejando
pequeñas almitas asesinas
que me persiguen a la siesta.
A veces mi escape
consiste en
dar vueltas sin fin
por el costado
inferior
de mi noche.



La belleza puede estar en la caída

Date por satisfecho
la caída es una forma de renacer.
Elegí la puteada más dulce o viceversa
y mandala a los cielos.
Cortate las uñas de las manos y de los pies.
Pegate un baño de agua fría.
Caminá descalzo por la casa.
Escuchá canciones de Billie Holiday.
No laves los platos sucios esta noche.
Olvidá el ruido del ventilador.
Rompé el silencio de la sobremesa.
Dormí la siesta.
Paseá a la tardecita por el barrio.
Tomá un helado.
La belleza
puede estar en la caída.



Maestro Po

Recuerdo cientos de calles perdidas:

Minibares de estaciones de servicio
asaltadas cada fin de año.
El olor a cafe, nafta y marihuana
que fuman los pibes en todas las esquinas.
Las aguas servidas en los barrios
pegados a la circunvalación
y el frío del asfalto
con la capa de escarcha a la mañana.
Los aros de basquet hechos con llantas
de bicicletas en los barrios olvidados.

Y el pibe ciego que era igual al maestro Po
que saludaba a todo el mundo
y paseaba en bicicleta en Mosconi.



Mrs Susan Boyle is Punk.

Recien termino de ver
el video más visto en youtube.
Susan Boyle
alguien increible
que emociona con su voz.
Todos antes de verla actuar
se burlaban descaradamente.
Ante la pregunta a quien le gustaria parecerse.
Responde:
Deseo ser como Elaine Page o algo parecido.
La canción elegida
I Dreamed Dream de Los Miserables.
Apenas sale su voz de su boca
todos caen rendidos.
Cantando conmueve hasta a una roca.
Mrs Susan Boyle
les metió su vanidad en el orto.
Mrs Susan Boyle is Punk.



La Paloma

Sentado en el patio cervecero
bebo un chop
y asisto al suicidio de una paloma.
La escena que sigue:
Cae muerta
víctima de los maníes
que había en el platito.



Cenizas

Afuera esta la calle
pisada por los autos
que a veces
detienen la marcha
y vuelven a acelerar.

La casa está en silencio,
que se pierde
cuando las paltas
caen al suelo.

El hogar encendido
invita a beber
una copa de vino
y sentarse en el pasillo.
Sin pensar, mirarse en el fuego
incendiarse y transformarse
en cenizas.


Andrés Nieva (Villa Dolores, Córdoba, Argentina 1973) Ha publicado los libros: Boca del río (2004), Una colcha es muy poco para tapar este invierno (2005), Say yes (2007), La suerte del perdedor afortunado (2007) y El tiempo es un perro que huele mal y golpea tu puerta (2009) Dirige la editorial cartonera: Textos de cartón. www.textosdecarton.blogspot.com. Los poemas anteriores datan del periodo 2006 - 2009.

sábado, octubre 24, 2009


fernanda escudero - poeta cósmica - san salvador de jujuy - jujuy - argentina




























Poemas inéditos




Pelícanos

Estaba de nuevo soñando despierta buscando nuevas profesiones…
nuevos modos de expresarme…
infinitas formas de decir lo mismo…

Estaba de nuevo esperando que lo cotidiano
me colme de gracias con lo cotidiano,
con lo absurdo,
con lo no dicho.

Y encontré por ahí voces fantasmales…
pescar con pelícanos,
tener la boca llena de peces…
un oficio tan imposible como el del amor.


El libro de las estrellas

Un astro celeste nos pertenece
desde que nacemos,
una estrella por cada uno de nosotros
y en las noches
ya no estamos solos,
nuestro doble celestial
vive a través de su luz
nuestra oscuridad innata
y a su vez,
nosotros,
aspirantes inexpertos
a la belleza cósmica,
simplemente
dejamos rozarnos
por el haz de luz que las estrellas
tienen deparado
para nuestra doble vida.


Lado animal

Me voy quedando sola
con mi lado animal,
el feroz lado que me corre
por las venas oxidadas,
el instintivo lado
que me lleva
una y otra vez
al pecado original,
el inteligente lado
que me permite la supervivencia.

Ser animal no cuesta tanto,
ya casi me acostumbro al jadeo,
a la soledad y al hambre,
mis gritos se oyen más fuertes
en la oscuridad,
en la espesura,
mis ojos ven a distancias impensadas.

Atrapar mi presa…
eso todavía no lo he aprendido.




Ícarus

Con la luz del sol se derriten mis alas,
si Ícaro lo supiera,
no estaría solo en su remordimiento,
al fin y al cabo,
tanto ícaros como quijotes
se ven obligados
a habitar entre fantasmas vivientes.



Es así…

No habían finales felices
ni en las fábulas
ni en las novelas
ni en las canciones de fiesta
no habían finales siquiera
era el país del Nunca Jamás
donde crecen todos los personajes de ficción

allí desayunan mariposas
tragan nubes
sorben estrellas
y sólo escriben poesía.




Voz

huella, marca, indicio…
rastro, vestigio, impresión…
emoción
sobresalto
señal
simples balbuceos ebrios
múltiple saliva estentórea
infinidad de letras ceñidas
una a una
tras las cuerdas
atravesando mares invisibles
sin cables
sin tubos
sólo hálitos desenfrenados
vuelos inauditos

silencios y cadencias diferentes
modos de decir diferentes

un niño y una niña hablan en la oscuridad
mientras juegan a las escondidas.


Catástrofes sobre-naturales

Parecen locos pero son religiosos
Parecen violentos pero son patriotas
Parecen enfermos pero tienen hambre
Parecen asesinos pero son líderes

La naturaleza a veces nos juega en contra
y lo catastrófico supera la realidad.


Youngers

Éramos tan jóvenes…
Solíamos jugar con fuego
Ahora de grandes, el fuego es peligroso




No boundaries

Hay un momento
en la vida de todo hombre
en el que todo cobra un peso específico…
en el que lo simple se trastoca en desazones,
en el que un helado sólo debe comerse en verano,
en el que la idiotez de los otros son caricias a su alma,
en el que un día de perros es cuando se corta el cable del canal,
en el que un vaso de vino hace bien al corazón,
en el que su ropa está separada según las estaciones,
en el que las pastillas para dormir se hacen indispensables,
en el que no se sale si no hay un plan,
en el que las polillas son una gran preocupación,
en el que los buenos modales se confunden con hipocresía,
pero también hay otros momentos…
en los que comemos con la boca abierta,
en los que reímos a carcajadas,
en los que abrazamos sin que se nos pida,
en los que juzgar no existe en nuestro léxico,
en los que un cigarrillo es más que suficiente,
en los que esa sonrisa nos hace estremecer,
en los que podría estar diluviando y nosotros felices mojados,
hay momentos en la vida de todo hombre…simplemente momentos.


viernes, octubre 16, 2009


sandra acosta - poeta de la irreverencia - salta - región del noa - argentina



















UNDERWORLD

Ahí me voy
con tu poema pintado en los vagones
toc-toc/toc-toc/
toconeando los versos en llamaradas
taconeando en mi pecho como un orgasmo.

Me gusta que me pase así:
como morder un kinoto de una.

Que veloz se los devoren las fauces oscuras
que llevan al mismo -y al propio- infierno.

Quede solo un spray, una bruma sicodélica...

Así, con un poema
Así, con el amor.

Como la ráfaga arrolladora
del subte que no se detuvo en esta parada

Que me despeine, me congele
los orificios nasales
y me deje tambaleando
con las puntas de los pies
en el borde del andén.


MARIPOSAS

Hoy no quiso usar ropa interior,
así es que, así nomás, se puso la pollerita tableada
y salió a la calle
Sentada en la plaza abrió SU libro de poemas
Cuando pasé y la miré
cruzó las piernas tímidamente,
para que no sea tan evidente,
la sonrisa complaciente
de su sexo.


ENCARGO

Una hormiga quedó aplastada
-accidentalmente-
entre mi mano derecha
y la saliente del balcón
entre la búsqueda de mi último vuelo
y la redención contundente de la baranda.

Se desacelera mi respiración cuando
en mi palma se hace corpórea la agonía
el vértigo , el abismo...
Hey, Hormiga!
Cuando llegues a ESE lugar donde
mi abuela me espera
dile
que no se impaciente
que ya encontré el rastro,
Dile que voy en camino
por el atajo que señalan los amores ingratos.
Ahí voy
que voy..
que no es fácil mantener el equilibrio
cuando el canto de los pájaros ya no hace contrapeso
Ahora cuando
es la cornisa
la que se
estre
cha
y es el vacío impaciente el que se ensancha.



LA TANGA DE LA BANDA

No he de callar, por más que con el dedo
Ya tocando la boca, o ya la frente
Silencio avises, o amenaces miedo
(Francisco Quevedo)


Hoy ha ganado Boca y la alegría es abundante en las calles argentinas
Yo también estoy contenta,
en la bombonera de mis sábanas daré vueltas olímpicas
Te espero, mi bostero querido
Que no me quejo de tus domingos
boquiabierto, mirada de cristal líquido de puro Futbol de Primera
Espero ansiosa tu pasión futbolera
Que no me quejo de tus sábados de picaditos con los muchachos del barrio
Si aguardo el espectáculo de tus piernas poderosas
Encajadas en esos pantaloncitos de tela liviana

Venite con la voz enmudecida
embebida en la euforia de los estribillos de la 12

Me gustas cuando callas…
Parece que tus ojos se hubieran volado…

Venite pronto y tira por el balcón los papelitos
en los que escribí versos de amor en posición adelantada
Venite , querido, con tus ojos sin metáforas
Ojos de azabache de cristal negro
que te daré uvas moscatel en mi prado
cuando roces con tu hocico mis florecillas rosas, celestes y gualdas

Ay! Que doradas son las noches azules
Que azulados tus vellos dorados!
Mi boca será tu Boca. Los goles de pasión mi revancha.
Cuando me agache a comer el maíz que desparramaste en la cama
me arranques mi tanguita rojiblanca con los dientes,
me tomes de la cadera con fuerza
y, con la poca voz que te quede, me digas:
-“vení, gallinita linda, que ahora te toca a vos”


SOLO HOJAS

Hoy no he podido recordar ni tu nombre
los días se pueblan de hojas
de ojos
de ojos sin labios
de ojos en puro silencio

de hojas doradas y crujientes
de hojas en blanco
de hojas abolladas
como piedras
como rocas
cargadas en la espalda.
andré cruchaga - poeta de oración solar - chalatenango - el salvador

























Días con altares descoloridos


Hay días donde los teléfonos no sirven para las emociones.
No hay redención en estos meses para el fantasma que soy.
En los altares se respiran jardines descoloridos: Salmos
De vieja data, alianzas que a la luz del Evangelio parecen
Irrespirables; —Tanta humedad no redime mi saliva; tanta
Estío quema el lecho, los nidos y la transpiración.
En el trajín el hálito desvela naufragios.
Al pie de los Santos mi sangre rebalsa de cruces:
En el escombro de la respiración no hay balsas fenicias.
(Ella, la de siempre, quizá pueda descifrar los arcanos,
Las horas cristianas y prudentes de la almohada,
Tender las cobijas con inocentes manos,
Abrir las ventanas y angelizar el tiempo,
Confiar en la unanimidad omnipresente del pan,
Tranzar con los manuscritos de la mirra,
Enhebrar la premoción como una orfebre de audaces tallos
Y respiraciones, de densidades comestibles.
Ella, la de siempre, no camina sobre las colillas del calendario,
Ni le son ilegibles los espejos,
Ni hay ceniza en el entrecejo audible del eco,
Ni des-ala las palabras de la ausencia,
Ni anilla pañuelos en su portento:
Es como un lirio de alacenas resguardadas, pero hila mis trajines
Sin alivio todas las semanas. Nada hay sobre la mesa:
En mi boca el fermento no se hace adviento.
El frío arrodilla mi sed, y se esfuma del ala del imaginario.
En las paredes lo inerme necesita auxilio:
Sus senos bien pueden ser lámparas confidentes,
Sumas en este coro cíclico del tiempo enfundado en postigos.
Ella, la de siempre, es río de enfundada música —y, aunque
Tarda el agua en su cósmica travesía, presiento la alacena
Del invierno con su confesa eucaristía.)
He llegado a la abadía de la ceniza con su fragancia,
He mordido el destierro sin manteles;
Sin sosiegos trasegué el mar, las estelas prolijas de la espuma,
Las fumarolas en las sienes del camino,
Las sombras intrépidas de la aspiración,
El arca del tejado a propósito de la heredad, las enredaderas
Quemantes de la voluntad, la piedra suelta de la lejanía,
Y este querer olvidar el consabido grito de la embriaguez.
Sé a fin de cuentas que el día tiene altares descoloridos:
Ahí no hay tutelajes ni abluciones para salvar la ruina.
O este equipaje del follaje circular de medianoche.
Y, para mi propia liturgia, la lucidez se vuelve reja,
—No precisamente un peldaño de música samaritana,
No tren con recompensas, no suelo sin extravío de las venas,
No humeantes sílabas conservando las palabras,
Pero sí oscuros tragaluces en mi incandescencia interior,
Sí querellas del desvelo desabrigado —huesos presos
Por el estupor humano, oscuro rezo del silencio…

Barataria, 09.VIII.2009




Canto a la ceniza


puedo gritar, gritar hasta romper el techo…
FÉLIX DE AZÚA



En el tejado la luz del día transforma el polvo de las vestiduras.
Cada pájaro anda los sueños en las plumas.
Un día menos pensado las vocales respiran escaleras.
La lengua sube hasta los espacios de la cruz
En el jardín de la noche los árboles se visten de porcelana.
El viento arrebata los sombreros de los árboles.
Las orejas de las piedras crecen como raíces gigantes.
Los trenes cuelgan de los péndulos hasta desgastar su eco.
Las nubes grises siempre se convierten en el periódico
De todos los días, en la lágrima suelta sobre los cabellos.
Los niños que salen a la calle terminan siendo el sandwiche
De la violencia: —En el bolsillo ya no cabe el aire
De los anhelos, ni el blanco y negro de la impunidad.
Los espacios azules sólo se ven en los hoteles de cinco estrellas;
No en el petate donde bailan los piojos y las pulgas.
Alguien nos metió en la cabeza que el blanco es símbolo
De la paz y así, con el rostro también blanco nos cantan
El Himno a la Alegría. En seguida sangra el caballo de la muerte.
Hay cortejos fúnebres en el pensamiento:
¿Dónde encuentro manos y brazos sin heridas?
Jinetes de ponzoña maduran en el aliento; ahí los hisopos
Cabalgan como sepultureros, desenvueltos en huesos
Por las calles donde sólo cabe la noche como compañera.
Astillas de fuego lamen las alas.
Y así busco el chubasco de las semillas en la lluvia.
¿Hasta cuándo la noche será azor en medio de relámpagos?
—Los troncos de la respiración como muñones secos, los aleros
Evasivos de las lágrimas, la sal misma que lame las pupilas.
Desde siempre la sangre nace diariamente en el combate.
Quiero un melón de ternura en los nidos de la voz,
Y no el mal agüero, sombreado por guijarros y hojarasca.
Siempre me toca abrazar las palabras perdidas de medianoche.
—Y esa bufanda de brisa distinta a la risa.
En el follaje alrededor de los zapatos, caben peces ahogados.
Canto a la ceniza en esa flama que el carbón deshace.
Un portal de mortajas cubre las sombrillas del calendario.
Rígidas miradas alimentan los comejenes de los símbolos.
En los cementerios las mariposas elevan sus consignas.
¿En qué sitio puedo guarecer la blancura de mis uñas, o los lirios?
—cada vez la tierra se vuelve absurdo camino.
Las constelaciones destejen el último suspiro del día;
Mientras tanto los pájaros se pierden en el desierto de las palabras.
Los atrios del alba no resplandecen en el cielo.
Un día es menos cierto que la baba de las estatuas.
(Entre el estertor que me producen tus senos, entre las isla aceitosa
Que me refugia, camina el ojo y este grito de pájaro).
Ante los días y sus muros sin profecías de Jericó,
Alargo estas desgastadas puertas del suspiro…

Barataria, 08.IX.09




Ausencia



Las ausencias siempre tatúan la vigilia. Esa hoja seca, desbordada
De la noche. —Sobre el follaje el aliento alucinado de los meses.
El río de caballos que no es el mismo, los tropeles en las sienes,
Y esa distancia irremediable de la paz. Esa lluvia lenta, horadando
Las paredes de abobe, masticando la intemperie.
Es un poco velar mortajas esta espera. Es la plegaria del pabilo
Mortecino, duna encarnada en el silencio, palabra sin estribo.
A menudo me toca remover los huesos del alfabeto o las alas
Que descendieron a lápidas, o tragar el vapor ajado de los harapos.
(Ahora mismo tengo un puñado de sílabas tormentosas, y quién
Sabe si de guijarros pasen a ser polvo, ataúdes rotos, días comidos
Por la sal de la lágrima, lecho invadido por almohadas rancias.
Ahora mismo Leteo se apodera de los pájaros y de la noche y los nombres.
Después de todo queda la travesía por el fuego: exasperado paraíso
De demonios donde vos ni yo somos inocentes).
El extravío es tal que ya no tienen nudo los sentidos. —De hecho
El firmamento es una rama de ocote en plena combustión. El vértigo
Desfonda los orgasmos, el hocico del planeta se ha vuelto látigo.
Lo indecible pierde las crestas del tacto. La sangre traspasa, sin embargo,
Las noches de los embudos y los aluviones, el sol del sexo en el subsuelo.
A menudo —y aunque sea paradoja— en el espejismo uno recobra la cordura;
Al menos eso me pasa cuando la memoria piensa en las enredaderas,
En las persianas simulando escaleras, en las efigies inevitables
De la existencia. De pronto, tras la ráfaga supura la boca de lo ignoto.
O lo ignoto desteje esos hilos que se ocultan en el Universo.
El trasluz se hizo de andrajos. No sé si existe todavía extensión
Para la transparencia: —o para encontrar rostros bajo la lluvia,
O para alcanzar al viento, ahora, con los ojos recostados en el lecho de la almohada.
¿Dónde es menos adusta la distancia, cualquier distancia?
¿Dónde puedo encontrarte sin aldabas, sin puertas, sin paredes, con ventanas?
¿Dónde el miedo ha dejado de ser patrimonio, piedra en la boca?
—Algún lugar habrá menos frívolo que ciertas películas de Hollywood.
No sé si en los mataderos de semovivientes, en las cucharas soperas,
En las catedrales donde la memoria simula zapatos, en los jardines del eco,
O en la simple cobija que cubre la chispa del laberinto.
Nunca sé cuando los días son tan ciertos como el papel reciclable.
O los abrazos se hacen pepitas de aliento, o semillas del desvarío.
Aún así escarbo en las trampas de la fe. No en el niño de Atocha,
Ni en los Santos de la Santa Iglesia, ni el mapamundi del azar, ni en la espuma
Gastada por los dientes de las olas, ni en el nahual de mis ancestros.
Doy por cierta la hora visible de los poros: —El escombro copiado
A la brisa, la pesadilla de las tijeras en las pupilas y los poros y las sienes.
Doy por ciertas las jaulas y las máscaras, el porvenir genuflexo,
Doy por cierto, la alacena vacía —el espejo a oscuras de las sábanas
Sin cuerpos, las trampas del alfabeto en las tapicerías, y esta forma simple
De ser tras los pájaros atisbando fardos de vuelos.
Doy a lo imposible el único rostro que tengo: —el mediodía innumerable,
Y este recelo de perro agolpado en las aceras,
Y este bosque ensangrentado de letargos,
Y esta sustancia de mimbre con días oscuros,
Y este latido de amaranto en la cinta de mis zapatos…

Barataria, 29.VIII.2009



Crimen conjetural

Estoy cansado de estar muerto y ser.
JUAN EDUARDO CIRLOT



Una vez la monotonía se posa en el Universo, caen las begonias.
La desnudez del naufragio siempre es tensa comida para
Los amaneceres cuya virtual gestación desvanece las tormentas.
Las horas arden en el insomnio de la vida. Flores muertas
Las manos en el fuego, en cada recuerdo los cadáveres
Agonizantes, los espejos palpando la oscuridad de los estantes,
Las arañas como fotografías en las paredes.
A menudo los trenes olvidan las líneas del horizonte.
En mi camisa languidece el viaje de las nubes;
Hay jardines edificados por el espejismo de las pupilas:
—siempre es así la retórica del polvo, la escritura que recordamos
Ocasionalmente en las escaleras furtivas del aire.
La irrealidad tiene sentido en el antifaz de la hoguera:
Desde luego las mareas alteran el fluir de la historia.
Los peces miniatura enterrados en el pensamiento, las monedas
Amargas de la impunidad, la vida procaz de los zapatos.
Quiero hacer un circo con todas las estrellas colgadas de saetas,
Convertir en ceniza la melancolía de los relojes, vaciar todos
Los recuerdos, morder las estatuas que obstaculizan las aceras,
Detener la comedia de los banqueros y los políticos,
Acariciar a la niña que se volvió chimenea en mi tabaco.
(Cuando pienso en tu cuerpo, el búho me fusila con su mirada,
En el laberinto de la noche, adoro los erráticos prontuarios del musgo).
En lo inhóspito y los muros sólo hay silencio.—Asilos floreciendo
Lejos de casa, trenes, si acaso, en los tejidos de la lejanía.
Resulta un crimen a la inocencia perder la camisa por encima
De cualquier día de semana: la negación no resuelve los residuos
De las moscas, ni explica los golpes de lluvia en los objetos.
El pánico siempre está ahí como la ráfaga iluminando la noche.
El lenguaje está ahí con la salivación de la retórica.
En los puños del poder hay años de bilis: eso explica el plato vacío
En la mesa, los movimientos fracasados del Paraíso.
El lápiz hurga entre la pulsación de las paredes —tensados grafitos,
Fatigada superficie desplazándose a través de la comida.
(Toda tu lencería verde reverbera como pájaros en mis sienes;
Casi rural me parece la lluvia sobre los helechos,
Las venas queman la sartén de los sonidos; la espuela de los ecos,
Encabrita el manantial con sus relojes).
Sobre las columnas de la sed, la tortura soporta su pavor.
No hacen falta explicaciones más allá de las conferencias de prensa;
Tampoco importa desvanecerse en una taza de nitroglicerina.
Jamás volví a ver los peces de mi infancia, salvo en la memoria.
Mis ídolos dejaron de ser candidatos a premios mundiales por la paz;
Ahora son cadáveres o sudor en mi espalda.
No sé si es posible atravesar en tren el cáncer de las iglesias,
O refugiarse en ciertas aguas a fin de que ahí no lleguen los motines,
Ni uno sea despojado de ojos y sueños.
(Pienso en esta soledad sin hoteles, en esta ruralidad de mis pies,
En las sandías donde hay un corazón rojo, techado de soles negros.
Todo huele a un País en desuso. Los caminos, la ropa, las paredes.
¿Cuándo te veré desnuda sobre la claridad de esta respiración?
—Será sin duda, en una noche de cipreses).
Ahora, me quedo en un cementerio de ventanas. Sobre el cáncer
De los durmientes, los rieles consumen la última luz en el pañuelo.
La lluvia de la oscuridad abate las aceras: —la herida no espera
Clarividencias, ni la penumbra hace años de cristal.

Barataria, 20.VIII.2009




Extraño cielo el País de mis ojos




Debiera de una vez cerrar la puerta.
JOSÉ MARÍA FONOLLOSA



En las sienes arde el pájaro de la aurora en espiral de cierzo.
Toda la imagen del día trenza mariposas; la luz entre campanas,
Crece junto a los cascos del arco iris, el asombro oficia
Rompeolas en las pupilas, los niños como las ventanas desvanecen
Las sombras ajadas del desvelo. Ese desvelo que no cabe
En los papeles ni en la caligrafía. El tiempo nos gana el olvido.
O por lo menos nos va acercando a los domingos de la muerte.
La respiración hace volar los sueños: o por lo menos hace
Que los ojos se planten en otro lecho; —Ese es el oficio
De las luciérnagas en invierno, las estrellas de la noche se hunden
En las esquinas de las ventanas, o en la cresta de las olas,
O en los cabellos desolados de la breña, o en este hastío sin periódicos.
O en este grito de ceniza sobre el mármol, absurda prueba
Del horror en mis huesos. (Ando entre el murmullo de tantas bocas
Sin sentido. Fatigadas sombras, acaso, de la extrañeza de estar
En un paisaje parecido a los muros, a la mujer de mis antiguas
Respiraciones, a la ciudad que siempre me despide con cicatrices
En las manos, a esa flor que musitó en mi pecho largas noches).
¿Qué son los muelles, los barcos, los trenes, al borde del caos?
—Son nombres en la caldera del poema. Relámpagos en la súbita
Conquista, gastada arcilla en la desnudez en vasijas de tinta.
¿Qué es la adversidad de los cuchillos en la garganta, la hora cero
En la alcoba de los eruditos, los espejos del vecindario?
—La cárcel librando lágrimas en la penumbra. La soledad de un libro
Sin espadas, la muchacha que se abruma en un diccionario
Buscando sólo palabras felices. La realidad arbitraria de la autenticidad.
Uno se afana en buscar la luz de los meteoros —Nunca esa luz llega
Sino en los desaciertos que la vida a diario nos prodiga.
Me pregunto qué pasara cuando muera por completo el amor
O la esperanza, o la pantomima de estas peluquerías del siglo 21.
El juego de vivir empieza por cierta abnegación a las caricaturas.
(Aquella muchacha nunca contestó mis poemas. Supongo que es
Fina y delicada como un hotel de 100 estrellas. Ignora que un poema
Es como el ojo en un espejo; —la veo reverdecer, sin embargo
En la noche, entre el aire pobre y la inmensidad de mi Esperanza.
Si algo sirve de alivio es que todavía le escribo poemas)…
Al fondo del sigilo, las pupilas difusas de los espejos,
A veces la penuria en un fardo de fatiga: la continua fuga junto
Al ojo, el cielo de las palabras sin paraguas, la muchedumbre
Embotellada en la neblina, la sed hacia la piedra.
Es todo lo que puedo decir después de fumar cavernas.
—Ligeramente los relámpagos se tornan estiércol. Ahora
Me devoran flautistas de casi tres mil años. Los sombreros
Saben a oscuridad; vos, a ese monólogo que repite la memoria.
¿Hilarás los días pintados en mis cuadernos rotos, manchados
Por la lluvia, desgarrados en su instante de espinas?
—La noche es redonda como la moneda de las constelaciones;
Los días refuerzan las estatuas erigidas —puertas dicen algunos
Para festejar la memoria; llaves, quizá para otros, aposentos
Del sexo sumergido en el mentón o en la curvada humedad
De los colchones. Lo cierto es que en mis manos, descubro no sólo
El fuego, sino este derruido anaquel del alba…
Y así, todavía, sigo sangrando como un escolar frente a la lección
De un adusto mentor sin un matizado barco de imágenes.

Barataria, 03.IX.2009




Mar a fondo




Los que vestimos cuerpos como trajes envejecidosa quienes basta el hurto o la limosna de una migaja que es todo el pan y la única hostiahemos llegado al litoral de los siglos que pesan sobre nuestros corazones angustiados,
SALVADOR NOVO




Mar a fondo la noche total de mis sentidos. La cama en el rostro,
El pecho apuntalado por tiestos de Calipso, el andar humedecido
Por los días, la imagen carnal, sin limites en la habitación.
La asfixia casi toca los huesos. La finitud de las certezas
Arrancada a ciertas ambigüedades, la liturgia del aire en los párpados,
—A veces la luz desfallece en los jardines, la profundidad ahoga
Las parábolas; gotea la herida instantáneas de párpados.
¿Hacia qué fondos la ceguera hace sus manufacturas? —¿Hacia
Qué calendarios la mesa coagula la comida, esas endurecidas
Palabras del grito? Los ojos giran, ligeros, alrededor de los objetos.
Aguas sombrías llenan el costado sacramental de la ráfaga.
Soy un comensal en el delantal del musgo. Braceo en el coral
De ciertos peces, en el apogeo de esa extraña luz, mundo agrietado
De flautas. Cada paisaje arde en los caracoles. Cada rastro
Es un corazón fermentado en la común trama de los espejos.
Hay crímenes al otro lado del sueño: —perros solares tendidos
En el alba, desnudos amantes que se alejan al desvanecer
La conciencia en las fotografías. En el ojo se instala el frío de la impunidad.
Los abuelos condenados a la desesperación, la anatomía crítica
De los clavos, el viejo tormento de los inviernos estacionales.
La Patria y el amor nunca llegan cuando se lloran. Nunca una guitarra
Revive los ojos, los pájaros repetidos que se alzan en la tarde.
(Para qué los brazos si no sirven para asir el olor a los vestidos;
A menudo el huracán lame los relojes donde el respiro caduca. En el atril
Del paladar no cabe el invierno con todo su alfabeto, pero sí,
Los rincones del sigilo, el desvelo del suspiro en el arco iris)…
En este mar a fondo hay noches y sed. Hay miseria y tortura.
—Siempre este País insepulto traicionó mis sueños. El desdén, la traición
Son permanentes: ¿Dónde estás mientras agonizo? ¿Dónde te encuentro
Sin ver sepulturas, con una pizca de zumbidos, agonizante
En la necesidad de los ovarios, con un frasco de esperanza y sin barbitúricos?
No sé a fin de cuentas dónde te encuentras. No sé del vestido tornado
En fortaleza, ni en quién reclinas tu arquitectura.
Frente al ansia y el despojo renace el olvido y la estridencia de los muertos.
Hay días donde la lágrima resurge con ímpetu. Hay días donde la miel
Es un viejo litoral de acantilados, obsceno lazo de ahogos.
Sucede que las falacias se abren en trozos de pan. No en feliz asombro.
Los días son más ciertos cuando punzan la quejumbre.
Cuando la herida se llena de clamores, y el llanto es un retrato
De crisantemos. (Y aunque la paradoja sea un poco afortunada,
La oscuridad alcanza la legibilidad de los dientes, la degradación
Exacta de las vísceras, y el antiguo submundo de las ventanas en los ojos.
A menudo es la retórica la que se encarga de los simulacros. Por lo demás,
Conozco el retruécano de los discursos y el disparo a la racionalidad).
Nunca me dices nada de esta tortura que depreda los cuadernos del día.
Nunca estás aquí conmigo soportando la baba de las puertas cerradas,
La herrumbre sin tregua de la descomposición,
Los árboles cortados donde grazna el horizonte, las víctimas ahogadas
En las cloacas y esa mañana donde decapito mi esperanza.
El mundo nos arrastra con su puñal desorbitado hacia espacios
Donde los jardines se disecan…

Barataria, 27.VIII.2009



André Cruchaga, Nació en Chalatenango, El Salvador, 1957. Tiene una licenciatura en Ciencias de la Educación. Además de profesor de humanidades, ha desempeñado la función de docente en Educación Básica y Superior. Parte de su obra poética ha sido traducida al francés por Jean Dif, Danièlle Trottier y Valèrie St-Germain. Estas últimas, el libro antológico: “El fuego atrás de la ventana” (Le feu derrière la fenêtre) y Viajar de la ceniza. La poeta María Eugenia Lizeaga, por su parte, ha traducido el libro “Oscuridad sin fecha” al Idioma vasco (Euskera); y poemas sueltos, al holandés por Michel Krott. Jurado de Poesía de la XVI Bienal Literaria "José Antonio Ramos Sucre", Venezuela, junio de 2007. Buena parte de su obra se encuentra publicada en diferentes revistas electrónicas de Argentina, Chile, España, Grecia, Estados Unidos, Colombia, México, Perú, Italia, Holanda.