martes, marzo 09, 2010


alejandro cesario - poeta de historias mínimas - buenos aires - argentina





























Poemas del libro: “El Humo de la Chimenea”
Ediciones del Dock, junio 2009.


“Al hermoso pelo ensortijado”

Oigan... Oigan...
¿Hasta cuándo van a seguir lamiendo esas migajas?
No se dieron cuenta de que el viento ya los delató, de que dejó los cadáveres a la intemperie.
La historia sisa retumbando en el pueblo como un bombo legüero.
Estamos solos, pero solos de verdad.
Tenemos una mirada impasible.
Nuestros recuerdos arrastran una saña con un soso olor a tortura.
No me hablen del amor como si fuese un teorema, hasta las luces yacen muertas. Nadie quiere comer esa basura, la miserable sobra del rico. Han logrado extinguir el fuego, lentamente nos van saqueando todo, excepto la miseria.
Oíme... a vos... muérgano, bausano, oligofrénico ¿en serio te creés un ser superior? Tus complejos afloran por las sucias venas como la materia fecal de un pozo ciego desmoronado. Pero si sos un mendicante de la cultura. Tu zafiedad brilla como la luz del sol.
Cuánta mirada deshaciéndose en los escombros de una realidad donde las quimeras vuelan como cenizas por los aires.
Vivimos en la ciudad de los anónimos.
No dejemos que las miserias gobiernen nuestros actos.
No cierres los ojos, por favor... contemplá ese bello pelo ensortijado, cae con una beldad divina.
Me estaba derrumbando como los barrios. Vos espantaste al fantasma de la soledad. ¡Qué hermoso pelo!
No tiembles. Allá afuera está nevando, todo está blanco, parece otro paisaje, menos el humo de la chimenea de la casa de al lado. Yo te protejo del desamor, recuérdalo siempre.
La noche yace quieta. ¡Qué hermoso silencio se apodera del ambiente! Paciencia... hay que saber esperar. Sos como un rayo de sol en pleno invierno abriendo los caminos nevados. Qué pies tan diminutos. Tranquila... yo te protejo del desamor, quizá sea lo extraordinario que pueda darte.
Ya nadie se detiene, seguimos de largo sin sumergirnos en los paisajes. Qué pena...
Qué pueblo sin memoria. La farsa y el mal gusto siguen gobernando nuestras vidas. Los trogloditas nos tienen de rehenes.
Cómo no ha de haber miradas tristes, si propagan emanaciones de pesadumbre y desconsuelo.
Escasea el sortilegio, los sueños, la verdad. Qué se puede esperar de esos corazones congelados, de esas almas laceradas, aturdidas por una balumba mental.
El arte se ha esfumado. El arte es una ruina alimentándose diariamente y en forma histérica. Ya no hay escrúpulos para la blasfemia.
Nos encontramos rodeados por hurtadores que quieren cubrir la avidez que llevan impregnada en sus mugrientas y ceñidas almas. Pero... ¿saben una cosa? su refugio los delata, su misma lacra los ahoga en sus reductos llenos de escorias humanas. Eso sí, logran conmover en forma grosera a un populismo alelado de bajo calibre mental.
¡Por favor...! ¡Detengámonos! ¡Reflexionemos! Ya sé que somos vástagos de un decurso malicioso. Salgamos de este velatorio, mutilemos ese aquelarre que lo único que desea es mostrarnos sus engendros envueltos con una meliflua mortaja llena de bacterias.
Su pelo es suave como la seda, centelleante, desmesuradamente grandioso. Siempre o casi siempre está libre, vuela como una gaviota, el viento de pasada lo acaricia y lo envuelve para otra vez dejarlo en libertad. La verdad, no me canso de observarlo.
Su rostro son vibrantes melodías de acordes sosegados.
Su mirada me acompaña y sus dedos frágiles y diminutos acarician mis quimeras delatando su amor, apaciguando mis temores.
Sus diminutos pies transitan el tedioso camino de mi sensibilidad.
Su ternura es una gama de diversos colores, como un ópalo.
Nos une esa misma luz que irradian sus ojos, sus traslúcidos ojos cargan con más estrellas que el cielo.
Su nombre es un jade invadiendo todas las montañas nevadas.
Eres una criatura con un latido sensible, balbuceas un amor demoledor, tu sexo se desnuda hoja a hoja hasta el infinito.
El tiempo no pudo saquear su fuerza, su voluntad, su hálito.
Eres como las nieves eternas.
Sus lágrimas se deslizan hacia el mundo de la infancia con mucho dolor. Qué pena...
Su alegría tiene el perfume de la vieja locomotora a pila.
Su aura tiene tanta luminosidad y tanto misterio como su pelo ensortijado.
Amor... siempre vas a seguir rielando con un sereno brillo, como la luna.
Amor... menos mal que dejamos caer las mutilaciones de nuestros naufragios.
Nadie debe abandonar su búsqueda.


“La tarde”

El otoño transcurre lentamente.
Otoño… la estación más serena, la de más calma.
Estoy en casa
son las cinco de la tarde,
hora del mate.
El sol entra por la ventana del living
llenándolo a pleno.
Hoy comencé el día con cierta melancolía.
Me cebo un mate.
Suena Zamba Quipildor,
su música me recuerda a las rutas sureñas, nieve, mucha nieve.
Escribo cuando mi voluntad lo disponga.
Mi escritura no responde a nadie,
tan sólo a mí.
Los lectores son muy escasos.
De todas formas voy a continuar escribiendo
y lo pienso hacer hasta el último suspiro.
Me muevo en la vida con mucha discreción,
algo que muy pocos hacen.
¡Qué hermosos son los otoños ablativos!
Canto la canción que está sonando.
Rutas, nieve, curvas y más nieve.
Me cebo un mate.
Abro una vieja revista
y leo un reportaje a un escritor de Río Cuarto.
Marco con un diminuto lápiz negro un párrafo.
Me cebo otro mate.
Como una galletita con dulce de sauco.
Continúo leyendo.
El sol ha dejado de calentar el nido.
Me cebo otro mate
y sigo leyendo…



“Esas diminutas huellas”

Desde la ventana del tren
veo un campo infinito.
El ascenso del sol
le gana al horizonte
a puro coraje.
Toda esa imagen se superpone con el sonido del tren.
Una lamparita,
la última en apagarse
le quita el brillo
a la madera del techo.
El sonido del tren
cada vez es más fuerte.
Desde el convoy
se ve a la heroína locomotora
hendiendo una de las tantas curvas.
Llegamos a algún pueblo.
Tierra… tierra es su olor.
Nenes y nenas pisaban descalzos sus historias,
sus rostros no son de felicidad tampoco de tristeza,
sus diminutos pies van dejando una muy pequeña huella,
la misma que será borrada con la nevada de la noche.
Dos niños juegan a la pelota,
la niña más pequeña hace de arquero,
los arcos son a pura imaginación.
La esperanza se pierde a la noche junto a esas diminutas huellas.
Todo me parece demasiado grande,
como la cordillera que pasa por este olvidado pueblo.


“Sentado en el bar”

Hoy desperté con ganas de leer poesía,
necesito hacerlo desesperadamente.
Recurro a Enrique Molina.
Sentado en el bar de siempre
veo un carrito extremadamente cargado.
Una mujer, acompañada por un nene y una nena,
ambos descalzos,
revuelven la basura.
Las ilusiones hechas añicos.
Un olor a estafa
va cubriendo un triste y caluroso atardecer.
No quiero mendigar nada.
Veo pasar al tiempo
vacío, asesinado.
Éxitos que no son éxitos,
éxitos hundidos en el infierno,
pudriéndose en el alcoholismo y la drogadicción.
Mi mirada se pierde en la calle.
Un manojo de preguntas pasan por mi cabeza.
Alguien toma el colectivo de la línea 39.
Sigo mirando la calle,
la misma que tantas tardes acunó mi soledad.
Los sinsabores se acumulan, leí una vez.
Nunca una historia es huérfana.
Muy pocos confiaron que podía escribir una novela.
La calle es hermosa.
Otro colectivo se detiene,
todo es bastante rutinario.
El barrio ha quedado a merced de unos locos llamados arquitectos
¡al barrio lo han asesinado!
ya no hay poesía en sus calles
se evapora con cada derrumbe.
¡Qué miseria!
Los lameculos se bañan en agua bendita.
Si desea escupa su opinión,
desparrame su mierda
no se la trague, no se llene de rencores,
que el tiempo lo está destrozando,
lo aburre la televisión sumergida en sus tetas falsas
siempre son las mismas, como los jueces ¡qué farsa...!
El tiempo para la gran mayoría es un problema, para mí no.
El ocio es mi amigo, nos llevamos bastante bien,
la lectura se ajusta a la perfección,
la escritura suele aparecer de vez en cuando.
Has dejado pasar el tren, me dicen algunos y otros lo hacen en silencio.
Vendo el reloj Titanium,
No me dan mucho,
lo suficiente para salir corriendo
y comprarle un perfume a Mel.


“Por el barrio”

Jueves,
día nublado, de color amarillo.
Ya es mediodía.
Salgo de casa
y voy a caminar por el barrio.
Las nubes corren furiosamente por el cielo,
cada vez hace más frío, eso me gusta.
Un hippie me pide una limosna
¿será libre el hippie?
nunca creí en ese tipo de libertad.
La gente lo falsifica todo.
La desesperación de sus rostros es la amargura de toda una vida.
Casi todo parece ser una letrina de ridiculeces.
No siento al presente como una ofensa,
suelo ser un espectador anónimo con cierto lujo
leo no menos de 50 páginas al día.
Creo que te faltó soledad...
La locura te ha...
No has viajado,
qué pena, la vida se te va.
Demasiado compromiso social,
Ya sé, es parte del circo, de la comedia diaria.
Los salvadores sociales me repugnan
la palmadita en la espalda métansela en el culo.
Los profesores y maestros
producen un efecto devastador en los alumnos,
con sus pedanterías ahogan,
matan la sensibilidad de cada alumno.
El arte es aniquilado por los docentes a temprana edad,
la palabra pasión les repugna, les causa náuseas.
El docente es el primer peón de un estado asesino.


“La farsa”

El viento se enfurece más y más...
su sonido es como el de una flauta.
El otoño borra el maloliente verano.
Sus diminutos y hermosos pies
se sumergen y pisan el tormentoso pasado.
Miro por la ventana
y percibo que el frío está haciendo estragos,
eso me pone de buen humor,
me da cierto alivio,
como cuando terminé el colegio secundario y concluyó la farsa.
Ya nadie me pregunta si trabajo
se han resignado
aunque de vez en cuando me preguntan si gano plata escribiendo
¿vendiste algún libro? Suelen decir.
La ronda de la envidia nos circunda todo el tiempo,
hay que ignorar todo comentario
se hace tan necesario como respirar.
Diplomacia... diplomacia, el arte de los ricos
para seguir aplastándonos como ratas.
El trabajo es dignidad
¡por favor!
ser esclavo no da dignidad a nadie.
El yugo diario te aniquila.
Vivo en pleno anonimato,
camino mucho, corro bastante, viajo de vez en cuando,
leo todo lo que puedo y hago el amor muy seguido.
Escribo cuando mi conciencia me lo dicta.
De los libros robo todo lo que puedo,
así me muevo en la vida
y no creo que deba hacer mucho más.
Tengo hábitos que no quiero cambiar,
para muchos pertenezco a ese grupo denominado...
¡pero yo les aseguro que no!
soy tan simple como una hoja de otoño.
¡Todavía hay literatura en estado puro!
a ella me aferro sobre su yugular.


“Pedro”

Pegados a las vías del ferrocarril,
se instalaron a vivir diez familias.
Cada una de ellas
levantó una casilla,
que resaltando el buen gusto
todas se parecían bastante.
Dichas casas estaban compuestas de tres elementos:
cartones, chapas y plásticos.
Todos los habitantes
tenían un oficio en común,
que por suerte no era de vocación
sino de pura necesidad, como suele decirse.
Eran cartoneros, años atrás se los llamaba cirujas.
Se alimentaban comiendo algún tipo de guiso,
que en forma milagrosa Pedro se encargaba de preparar.
La solidaridad que reinaba en el ambiente
perfumaba al viejo ombú,
que de tanto respirar los gases tóxicos de los autos se encontraba enfermo.
Pedro era el último en irse a dormir.
Sobre una pila de cuatro colchones,
que le servían de cama, silla y mesa
garabateaba algunas ideas sobre un cuaderno en pésimo estado.
Según solía decir, acariciándose la tupida barba blanca
-todos los días me siento a escribir
es lo único que me llena,
tengo la voluntad de un maratonista.


“Hombre desesperado”

Dos de la tarde.
Compro el último pasaje que queda con destino al Turbio.
Despacho la mochila
y subo al avejentado micro,
me siento en la última fila.
El viaje dura cuatro horas.
Selecciono un CD de música clásica y enciendo el Discman.
Pasando al aeropuerto de Gallegos,
la persona que estaba sentada mi lado dice:
perdoná que te interrumpa pero necesito hablar.
No hay problema, le respondo apagando el Discman.
Tengo ganas de matarme, me lanza el hombre,
pero soy tan cagón que no me animo...
Entonces olvidalo, fue lo primero que me salió decirle.
La charla continuó hasta llegar al Turbio.
Tomamos unas cervezas
y luego de un largo rato
el hombre ya con más ánimo
se fue trepando lentamente
una sufrida callecita
del lejano pueblo minero.


“¿Por qué estaba abierta la puerta?

Siento temblar a la ciudad
¡escucho gritos!
Los oscuros y asquerosos rascacielos
están desnudos.
Escucho el sonido de un tren
eso me da algo de calma.
Los pasillos del subte huelen a fracaso
la gente se atropella sin necesidad.
Algún escupitajo moja una vereda mugrienta,
por mis venas corre algo de melancolía,
no mucha, lo suficiente como para sensibilizarme
ante tanta putrefacción.
No voy a torturarme en pensar en mis horas perdidas.
El recuerdo de la puerta del garaje abierta es imborrable
la muerte se presentó de lleno.


“Una tardecita en la Patagonia”

Seis de la tarde.
El paisaje que tengo de frente son las montañas.
Unas pocas hojas y termino de leer L´ambigú
¡qué obra!
para que los críticos cierren el culo.
Mel y Uli se quedaron en la cabaña alquilada
saben que si no leo me desespero.
¡Bendita soledad! leo, leo, ¡qué milagro!
esa es una de mis bendiciones.
Los árboles parecen haberse enfurecido.
Pocas personas caminan por la calle,
el termómetro colgado de la farmacia de la esquina marca dos grados bajo cero
quizás nieva.
Cinco páginas y termino L´ambigú.
El viento sopla con furia
me hace feliz escuchar al viento,
me pido un té de frambuesa.
Cierro el libro, lo que me resta por leer lo dejo para después de cenar.
Miro las montañas con sus picos nevados
escucho el salvajismo del viento
como queriendo arrastrar todo lo que esté a su paso.

jueves, febrero 25, 2010


coriolano gonzález montañez
poeta del fin del sueño
santa cruz de tenerife - islas canarias - españa































del libro RETORNO (The dream is over)


DECADENCIA
Here comes the flood. Peter Gabriel

Sabía que eras tú, fueron tus únicas palabras.
La habitación, entonces, se tornó difusa
mientras el sol asomaba tras las cortinas
y alargaba la sombra de los jarrones
de polvorientas rosas de plástico.
Me he acostumbrado a vivir entre silencios.
Supongo que es debido a mi naturaleza ochomesina:
la carencia del tiempo de soledad suficiente
en el útero lo he suplido con la contemplación
del vacío y con la espera por los cambios estacionales.
(Pero esto no es asunto para este poema).
Tus palabras quedaron suspendidas
en el haz tenue de luz
mientras muy lejos la música pincelaba memorias:
viejos árboles sagrados,
cementerios luminosos sobre la colina,
niebla y viento en la tarde de verano.
Aún sentía tu respiración cálida
cuando con suavidad colgué el teléfono:
había llegado la hora del reconocimiento,
de sabernos solos y únicos en un mundo que agonizaba.
Abrí la puerta y me encaminé hacia el acantilado.
Las gaviotas ascendían por sus paredes
aprovechando el viento cálido de las piedras
y luego se lanzaban en picado
luchando contra las turbulencias de la marea.
Me asomé al abismo. Contemplé las rocas teñidas
del blanco del guano. Aspiré el salitre intenso
de un océano siempre violento y busqué mi hogar
otra vez y otra vez como he hecho
desde que mis huellas abandonaron la arena primigenia.
Desamparo y cenizas
es todo cuanto ha dado forma a mi sombra.
Ellas, las cenizas, han teñido de negro
mis manos y mis palabras
mientras me asomaba en todas las rendijas,
en todas las ventanas,
incluso cuando ya había entendido
que tú eras mi hogar,
el mástil al que asirme
antes de que llegara la tormenta
y me hundiera o te hundieras
definitivamente en sus entrañas.
Y entonces llegó el diluvio.
Cayeron los muros y las máscaras
(aunque esto ya lo escribí en otro poema)
y la desnudez nos hizo comprender.
Siempre supiste que era yo,
incluso cuando me sentaba a contemplar
el teléfono y no marcaba
y mis susurros inundaban la habitación.
Como una bestia henchida,
incapaz de contener el ímpetu del deseo,
de la rabia, inflamado de sangre,
moribundo, buscador de una sola palabra
que llenara mis labios resecos y salados,
me inmolé pleno de hambre y de sed.
El diluvio, este diluvio de dolor y lodo
que arrasó todo vestigio de vida,
sanará mis pecados, pero ni a ti ni a mí
nos llegará la redención. Mi cuerpo tendido,
destrozado sobre las rocas
buscó una última imagen que me acompañara
en el tránsito. Pero la he olvidado.
Acaso esté en tu mirada.



QUIZÁS SÓLO FUERAN TRAZOS
Decades. Joy Division

Me sentaba en el sillón
y cerraba los ojos mirando hacia la pared.
Como un arquitecto,
como un demiurgo,
erigía los muros que sostendrían
el devenir.
Nada quedaba sin componer,
ningún detalle se dejaba al azar.

Contemplé a mis hijos.
Amé y fui abandonado.
Deambulé por lejanas tierras.
Vislumbré las muertes
y lloré por ellas.

¿Qué vida puede vivirse
si ya ha sido vivida
cientos de veces?

¿Dónde hemos estado?
Los susurros nunca nos hicieron libres
porque nada podía reemplazar
al temor que nos provocaba lo mutable
de nuestros sueños.

Tantos años vividos en segundos
y sin embargo ni un solo trazo
en el papel.



RELACIÓN DE VECES QUE TE HE VISTO BAJO LA LLUVIA
Purple rain. Prince

Cuando era niño,
en las mañanas de invierno,
mientras esperaba el transporte del colegio
y me ponía de puntillas
para llegar a aquel agujero,
dejado por una ausente bola de adorno
en la pequeña columna,
y comprobar si había agua,
te vi por vez primera.

Luego nos refugiamos del chaparrón repentino
en un portal oscuro que olía a humedad y vejez.
Empapada, me pediste la chaqueta
para cambiarte y entrar un poco en calor.
Mientras te quitabas la blusa,
avergonzado, me di la vuelta
e imaginaba un sujetador blanco como tu piel.

La última vez, corría solo, calado,
sorteando charcos,
deteniéndome durante instantes
bajo los balcones,
con un termo y un biberón a resguardo
dentro de un bolso que me colgaba del hombro.
Mi hija hambrienta
esperaba en el interior de una cafetería,
la lluvia goteaba por los cristales de las gafas
y me impedía ver.



LA MIRADA Y LA LLUVIA.
When the leeve breaks. Led Zeppelin

Mi padre se desayunaba
un tazón de leche y gofio muy espeso.
Picaba con parsimonia
trozos de queso blanco sobre la mezcla.
Luego con ágiles cucharadas colmadas
acababa en pocos minutos.
Con la mirada perdida en algún punto del recuerdo,
no reparaba en el retorno de la lluvia.

(When the leeve breaks I’ll have no place to stay)

¿Cuántas veces pensé que era el momento de partir?
Padre, la puerta no podía detener los horizontes.
Ni siquiera el abrigo de lo que entonces llamaba hogar.

(Los ojos de mi padre sostenían los diques de la tormenta).



LA MUERTE SE ENCUENTRA SIEMPRE AL NORTE.
This time tomorrow. The Kinks

En 1969 ó 1970 observaba de pie la carretera
desde dentro del Autobianchi Primula 65C azul marino,
matrícula TF-48840, que mi padre conducía
por la Autopista del Norte.
Por la conversación intuyo que algún familiar lejano,
que había vivido más de noventa años,
acababa de morir y que íbamos a su duelo.
Realicé mentalmente una operación
y me di cuenta de que me quedaba casi toda una vida
antes del fin, de que no había nada de qué preocuparse.
Hoy tengo 43 años y ya no puedo otear la carretera
desde dentro de aquel coche.



CONFIDENCIAS
Sympathy for the devil. The Rolling Stones

Yo tomaba cerveza y ellas Parfait Amour.

El roce sobre el asfalto de los barrenderos
y el chapoteo de las primeras ruedas sobre los charcos
llenaban de dulzura las horas tempranas del día.

Nos escondíamos tras el humo de los cigarros
mal aplastados contra el cenicero
y me hablaban de bolsos estampados
contra los parabrisas de los coches.
Yo, de Rimbaud o Baudelaire.

Pronto, los basureros terminaban el trabajo
y, al entrar en el bar, nos miraban,
(quizás debiera afirmar que con lujuria).
Nosotros continuábamos con nuestra cadencia.

Apenas despuntaba la mañana
y la barba ya les había crecido al ritmo de palabras,
mientras nos emplazábamos en un futuro irónico:
ellas estarían casadas
y yo habría publicado libros de poemas.



ESTE POEMA NO EXISTE
Shake dog shake. The Cure

Todo cuanto se relaciona a continuación jamás sucedió.

Mi amigo agarraba con fuerza la ventana del coche
y lo sacudía violentamente al ritmo de la música.

Shake shake shake shake
shake shake shake shake
shake dog shake

Quienes se dirigían a la plaza miraban con desagrado.
El volumen -altísimo- competía con la orquesta de salsa.

Mi amigo degustó los intrincados caminos del ácido.
Abrió las puertas.
Su mirada jugaba con el blanco y negro del recuerdo
de cementerios nocturnos.
Como un siniestro caballero
de la noche repetía los tópicos y los sublimaba.

Aquella noche escupía.
Escupía sobre la comida,
dentro de los vasos, sobre la gente.
Y allí escribía el poema,
los versos que le bullían
y para los que no encontraba palabras.
Halló el poema en los gestos,
en la virgen que ansiaba
para saciar su propia virginidad,
en el sueño de la muerte.

Y, aunque hubo otras noches, sé que sólo allí,
en aquel lugar, justo en ese instante,
las puertas se le abrieron.

Después -pero todo esto jamás sucedió-
sólo hubo silencio y el rostro que no quiso
volver a mirarse en los espejos.

Mi amigo murió aquella noche.

Shake dog shake

El tiempo que transcurrió hasta que un cáncer
lo devolviera a la muerte no cuenta.



CODA
(Richard Wright ha muerto)

La lava de Pompeya se ha detenido
en esta noche sin luna.
Un perro aúlla y el eco se clava
en las sombras.






biografía

Coriolano González Montañez





Nació en Santa Cruz de Tenerife en 1965. Es licenciado en Filología Hispánica.

Ha publicado los siguientes libros de poesía: Dublín, entre el mar y la sangre, premio de poesía «Félix Francisco Casanova» (1984); Aquí en mi puño (1984); Este último milenio de sombras tras tu recuerdo, premio de poesía «Ciudad de La Laguna» (1987); Las llanuras del desierto (1991); Conjura del silencio, «I Pre-mio de poesía El Escribidor» (1993); Cuaderno irlandés (2000); El viaje (poemas 1984-2000) (2002); Las montañas del frío (2005); El tiempo detenido (2006) y Otra orilla (Cuadernos de Guillermo Fontes) (2008).

Figura en las siguientes antologías: La nueva poesía canaria, realizada por Antonio García Ysábal (Madrid, 2001); Los transeúntes de los ecos. Antología de poesía contemporánea en Canarias (La Habana, 2001); Poetas de corazón japonés. Antología de autores de «El rincón del haiku» (Salamanca 2005); Perro sin dueño. II Concurso Internacional de Haiku (Albacete, 2008) y Atlantopía. Breve antoloxía de poesía canaria contemporánea (Pontevedra, 2009).

Como crítico, ha publicado sobre Eugenio Millet Rodríguez el libro Pasto lascivo y otros poemas. Obra poética incompleta 1979-1990 (2002).
Ha sido traducido al rumano, al gallego y al amasik.

Noticias/Notas de Prensa:
(24/02/2010) Coriolano González Montañez presenta el próximo viernes su nuevo poemario, Retorno (The dream is over) en la librería Al-Faro de La Laguna


viernes, enero 22, 2010


alfredo palacio - poeta del amor cortés en un mundo descortés - buenos aires - argentina



























“porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe”
LUIS CERNUDA



TU CUERPO, SUPONGO

es un tallo fino y sombrío
ajeno aún
a mis manos y sus avenidas.
Y tal vez para siempre.
Un misterio profundo
como el salitre de una letra desconocida
como el doblez de las grandes cosas
de las causas por las cuales
cada tanto
se deja hasta la vida.
Tu cuerpo
vereda impar para mi acertijo
sol inverso
luna indecisa
en su paso hacia el azúcar.
El último hechicero que consulté
no supo decirme nada
aunque en su mirada perdida
adiviné tanto desconcierto
como el que duerme conmigo cada noche.



inédito




TANTAS VECES ES MÁS FACIL, CÓMODO, SEGURO

preparar pañuelos de despedida
pensar palabras para la ocasión

que temblar con el fuego que nace ante nosotros.
Un salto al vacío
cruzar otra frontera con el corazón.
Tantas veces es mejor
pensar en el barco que partió
escribir un poema triste
recordar
un rostro amado que ya no está.
Tantas veces es más fácil
seguir ordenando las cosas
sacarle el polvo a viejos adornos
que comprar una muñeca de arroz
un pétalo sin nombre
a quien queremos descubrir.

Y cuando hablo de descubrir
nombro
la ilusión que se renueva
besos de otra talla y color
también otro salto al vacío.
La piel que acaso esperamos siempre
ya llegó
y no queremos ver.



De “SEGUNDOS AFUERA”
2009, Libro Inédito




PESA TU SILENCIO

como gotas de estaño en los jazmines.
La distancia hunde su diente
esconde tus ojos
todo brilla en falso.

Huecos de furia y sal.
Tu nombre
se escurre con la tarde
y su sombrero gris.
Las esquinas doblan del revés
y ya no se ven
amantes sueltos por la calle
ni abanicos frotando el aire.
La ciudad duerme sin pena ni gloria
no hay cabellos en desorden
teléfonos en guardia
ni la mínima señal
de la noche y su acertijo.



De “SEGUNDOS AFUERA”
2009, Libro Inédito





OSCURO FILAMENTO

conecta tu pasado y mi futuro.
...................................................................Pura quimera.
Amor hundido
jadeante
moribundo en estos días.
El bisturí que utilice
debe ser muy preciso.
Presiento
que ante la mínima vacilación

habrá

dos muertos de tu muerte.


De “FILAMENTOS”
Ediciones Del Dock, 2007




NO SE SI ES PRUDENTE

dar a luz este poema.
Es que no habla de la noche
del amor ni de los barcos.
No habita ventanas
ni hunde sus pasos en el mar.
Carece de magia y silencio
sus labios nada besan
y ha perdido el tacto
en cualquier otra cintura.

Faltan el riesgo y la nostalgia
los bordes de sal
la desmesura.
No tiene fuego
furia
ni aún
el más común de los lugares.
Olvidó el tabaco
los licores
cada color que baja la escalera.

No hay pájaros ni asombro
azufre, sándalo o trinchera.
Si hasta el papel y los latidos
decidieron ausentarse.
No acuden el sexo y la memoria.
Frutas, música y corceles
no son su fundamento.
Nada late
no hay esencia.
Y yo también
estoy en otra parte.
No sé si es prudente
dar a luz este poema.



De “FILAMENTOS”
Ediciones Del Dock, 2007





FOTOS DE ESPARTA Y ABISINIA

Cancún, La Boca o Portugal.
Al fin y al cabo
todo paisaje es propicio
cualquier lugar da lo mismo
cuando hay algo que decir
o callar.
En medio de este hervidero
donde nadie se detiene.
Donde los gestos pasan al olvido
y todo tiene precio
sin permiso de la piel ni de los labios
habrá que admitir
que la palabra ocupa mucho espacio
la cultivan miserables
y lleva tiempo criarla.
El cuarzo de los relojes produce
un tic tac lejano al corazón
distante de los sueños
y de esta insistencia
que respira en los escombros.




De “FILAMENTOS”
Ediciones Del Dock, 2007





LA MIRADA DEL TIGRE

conjuga cristales con su presa.
Ella cae
le ofrece un labio
la luna de sus dientes
el deseo
de todos sus costados.
El tigre suelta su origen
merodea
mide los racimos.
Y decide llevarla de la mano
al sudor de sus rendijas.


De “SEGUNDOS AFUERA”
2009, Libro Inédito







EL VAPOR DE LOS ANDENES

nos iguala a todos.
Changarín y canillita
mendigos y doctores

la puta
y la monja que enhebra su rosario.
El vapor de los andenes
nunca tiene nombre.
Pasaporte común
boleto de ida
horarios sin sentido.
Y sueños como rieles

siempre paralelos

en medio de la nada.


De “SEGUNDOS AFUERA”
2009, Libro Inédito






ADÓNDE ESTABAS

cuando hacía la última apuesta
con la única ficha
que había sobre el tapete.
Adónde, amor, adónde.
Era el momento del no va más
todo a color
ninguna calle.
Hay que jugar a pleno
cuando el tiempo es escaso.

Adónde estabas
adónde llevaste el verde
sus números
la chance que quedaba.
La jugada final
donde siempre imaginamos
que podemos torcer la suerte
acaso ganar
porque salir hechos
ya no alcanza.


De “SEGUNDOS AFUERA”
2009, Libro Inédito






A DOS CALLES DE ESTA CASA

pasan cosas extrañas.
Hay un hombre que dice
que no morirá de amor
una mujer que insiste
en no esperar su príncipe azul.
También un niño porfiado
que no quiere ser lo que soñó.
A dos calles de aquí
un viento extraño palidece los arbustos
un sol negro se posa en las terrazas
los negocios abren a la medianoche.
Y aquí en el 4º C
el inquilino que tiene mi rostro
pregunta por mí.
Y la verdad
no sé que decirle.


de “SEGUNDOS AFUERA”
Libro Inédito







jueves, enero 07, 2010


carlos carbone - poeta de palabras y convicciones
- buenos aires - argentina











ÁSPID


Este poema es una venenosa serpiente
que arrastra antiguos ecos por la memoria de la lluvia
con su ojo de piedra y su lujuriosa lengua
busca caliente sangre
en la pesadilla de los corazones.

Este poema si muerde inevitablemente
te dejará agonizando eternos jueves
girará tu cabeza en el estupor del silencio
se prenderá fuego tu escritorio y tu sarcasmo.

Este poema cuando ataca es mortal
su mordedura traerá fiebre
rotos espejos
y eternas sombras.

Este poema es una venenosa serpiente

Y MATA!



CAZADORES
(a Marcos Silber)

El camarógrafo se acerca al león
es encantador ver el entusiasmo por su toma
cada vez más cerca de su presa.

El poeta se acerca al poema
es encantador ver el entusiasmo por sus palabras
cada vez más cerca de su presa.

El camarógrafo sigue al león.
El poeta sigue al poema.

El león merodea y de reojo mira
su presa.

El poema merodea y de reojo siente
el calor de su presa.

El camarógrafo se queda sin aliento
cuando el león avanza sobre él.

El poeta se queda sin aliento
cuando el poema entra en él.

El león salta sobre el camarógrafo.

El poema salta sobre el poeta.

El camarógrafo huye.

El poeta no.



ESCRIBE
(a Eugenio Mandrini)

Escribe sólo lo que duele
Lo que alegre
Lo que muere
Lo que vive
Lo que explote en las manos
Lo que enferme
Lo que sane
Lo que ahuyente a las brujas
Lo que caliente al cielo
Lo que enfríe el infierno

Escribe sólo de los hijos
Y de los jóvenes
Y de los amigos nobles
Y de los trenes que van
Y de los sueños que dudan

Escribe sólo si llueve
Y si hay sol
Y si un tsunami
Y si sopla el Zonda
Y si sus ojos se cerraron
Y si sus ojos nos guían
Y si mañana chocan los planetas
Y si la humedad hace sudar

Escribe si ella llama
O si ella quiere
O si ella puede
O si ella aúlla en tu cama sin colchón

Escribe sólo si todos toman la sopa
Si todos ríen
Si todos festejan
Si todos abren las puertas para ir a jugar

Escribe a la fuerza del caballo
A la potencia de la hormiga
A la paciencia de la vaca
A la grandeza del oso
O a la ternura del elefante

Escribe sólo al hombre nuevo
Y al hombre viejo
Y al hombre feroz
Y al hombre que orina la mesa mientras come

Escribe mientras caminas
Mientras duermes
Mientras haces el amor
Y mientras todos se hacen los distraídos

Escribe en tu confortable estudio
O en la mesa de un bar
O arriba del bus
O mientras te dispersan con gases por pedir justicia

Escribe con tu mejor lapicera
Con un lápiz nuevo
Con tu flamante laptop
Con un pedazo de carbón
O con tu misma sangre

Escribe para que todos
O para que ninguno

Escribe arriba de un barco
O bajo el agua

Escribe para vencer
Como si fuera la última
Como si mañana fuese una utopía

Escribe como un loco
Como un cuerdo
Como un insano
Como un liberado
Como un niño que recién aprendió la letra a

Escribe para que todo cambie
aunque no se muevan ni las agujas del reloj
Escribe y no seas correcto
No seas impúdico
No seas cómplice
No seas perfecto

Escribe aunque la hoja siga en blanco

Escribe para que la muerte no.



QUIEN ESCRIBE UN POEMA
(a Carlos Levy)

Quien escribe un poema
abre el horizonte
ventanas a los magos
abre

Aleja sombras frías
que ni siquiera mojan
ordena las bravuras del fuego
le pone timbales a las manos
abandonadas
señales de vida
en medio del cementerio
pone.


Quien escribe un poema
odia los pañuelos descartables
los sueños descartables
y las mujeres descartables
extraña los amigos idos
y a los amigos que vendrán
también extraña.


Quien escribe un poema
es viento
y lluvia
y sol en la convulsa belleza
es un reloj de arena
y un Dios que enmudece
esperando
es un desnudo nocturno
y más, mucho más,
es.

Quien escribe un poema
tiene amores
y muertos
y un carnet guardado con la foto
amarilla
y un deseo al borde
del desborde.


Quien escribe un poema
profesa todas las religiones
y es ateo
y bebe
y come con las manos
del caliente plato popular.


Quien escribe un poema
lleva una violadora llave
y abre puertas
cabezas y piernas
también pierde apuestas y sigue
sigue, porque quiere
que la vida o la muerte
lo encuentre con pájaros
en sus ojos
y un lápiz (la verdadera tierra prometida)
en la mano.



PIEDRA Y PALABRA
‘En medio del camino había una piedra
había una piedra en medio del camino’.
Carlos Drumond de Andrade



El destino del hombre esta lleno de piedras.
También esta lleno de palabras.

El camino se hace con piedras.
El camino también se hace con palabras.

Algunos arrojan piedras al opresor.
Otros le lanzan palabras.

Algunos parten la piedra.
Otros astillan las palabras.

Algunos levantan estatuas de piedras.
Otros hacen monumentos con las palabras.

Algunos se paran sobre una piedra para ver más lejos.
Otros lo hacen sobre las palabras
y rompen el horizonte.



QUE LA POESIA TE TOQUE


Que la poesía te toque
con su mano de luz
con su vuelo de gorrión
con su aire arriba de la cuerda.

Que la poesía te toque
con su ojo de nodriza
con su lengua de gato
con su ardor de lluvia nocturna.

Que la poesía te toque
en el rincón del desastre
en el nudo de tu corteza
en la brumosa pluma de tu seno.

Que la poesía te toque
y te hiera de muerte
y te convierta en tinta
sartén
o tormenta de espejos.

Que la poesía te toque
y sea definitivo
una cruz
un hogar de animales salvajes.

Que la poesía te toque
y revierta tu realidad
y pudra tus lágrimas
y despierte el feroz umbral
de tu pecho.

Que la poesía te toque
y la música para siempre
y los relámpagos por siempre
y el despertar siempre.

Que la poesía te toque
Y tus pies sean
terremoto sobre el mundo.

Que la poesía
Que la poesía te toque.



ESE HOMBRE
(a Pablo Marrero)

Uno soporta la intemperie
del mundo
sin saber casi nada
afuera, los ojos de la noche
tiritan contra los
ventanales
inofensivos hombres deambulan
con sus penas grandes
otros hunden sus colmillos
sin perder el sueño.

Uno es un barco
y su pecho un océano
entonces
construye la fábula del mar
y enciende la lámpara
para que nadie se confunda.

Ese hombre
es un puerto
y en su rostro sobrevive
la memoria.



FIEBRE

Esa fiebre fermentaba en los huesos.

Sin embargo
el viejo viento hacia flamear
los dientes de la noche
casi sin fuerzas
y sin auspicios
la inocente erosión
desconcertaba al frío
y fue evidente
el revolver que todo acalló
sin piedad alguna
al reloj
que dormitaba en la pobre mesa
del poeta.



ESE JARDIN


Miro ese jardín
prolijamente ordenando
pongo énfasis en esas rosas
con un rojo que estalla
y en el blanco jazmín que golpea
acariciando.

Ese jardín
a veces queda
lejos de la mano
duele tanto orden mágico
y tanta belleza
definitiva.

Me encantaría
desordenarlo con la mirada.



LAS PALABRAS MERECIDAS
(a Norberto Corti)

Cada poeta tiene las palabras que merece.

Los mejores poetas tendrán las mejores palabras
los otros,
tendrán las otras.

Los poetas del amor
tendrán palabras dulces y calientes.

Los poetas de la indiferencia
tendrán palabras olvidables.

Los poetas de la libertad
tendrán palabras que rompan cadenas.

Los poetas de la guerra
palabras que huelan a pólvora tendrán.

Cada poeta tiene las palabras que merece

Los que tienen colores en su corazón
vivirán escribiendo rojo, verde o azul.

Los que tienen mar en su corazón
escribirán sal o arena
y hablaran de barcos encallados en el puerto.

Los que tienen trenes en su corazón
escribirán sobre vías, andenes
y de relojes que atrasan despedidas.

Los que tienen lluvia en su corazón
hablarán con agua, truenos
y de mojadas calles.

Cada poeta tiene las palabras que merece.

Los poetas herméticos
no sé cuales son sus palabras.
Los poetas de la amistad
hablarán de manos, abrazos y vinos eternos.

Los poetas del dolor
dolerán en sus palabras.

Los poetas del recuerdo
tendrán en su boca la palabra madre
y volverán a su niñez.

Cada poeta tiene las palabras que merece,
los otros
solo armaran frases ingeniosas
pero nada arderá
cuando las digan.




DONDE PLANTAMOS EL ROSAL?


Dónde plantamos el rosal?
Bajo la ventana de los chicos?
En un lugar donde dé sol por las mañanas?
Contra la pared del fondo
Para repararlo del viento?
Le pondremos una buena guía?

Dónde plantamos el rosal?
Lo pondremos cerca del limonero
para que no se sienta solo?
Abonaremos la tierra alegremente?
Haremos la ceremonia del vino
para darle la bienvenida a nuestra casa?
Lo cuidaremos como una ilusión?

Dónde plantamos el rosal?
En la tierra donde nuestros hijos sean felices?
En el horizonte inalcanzable de la lluvia?
Lejos de las hormigas
y los traidores?
En el corazón invencible de un amigo?

Dónde plantamos el rosal?
-te pregunto amor-
Para que sea eternamente nuestro.


lunes, diciembre 28, 2009


alberto boco - poeta de mitologías urbanas - buenos aires - argentina



























Poemas inéditos

artefacto
(Del libro inédito – Perro, de Goya – 1998-99)


Los crímenes perfectos no acostumbran a tener una razón
/buena o mala conciencia.
La página elegante; salir sin dejar huellas; no provocar la
/respuesta.
Cada vez que sucede, deseos y gestos importan poco.
Apenas permanecen allí ¿sombras del poema?
como quien comprende que otro asunto es lo que cuenta.
El cuerpo, las palabras y las cosas fuera de su sitio
revelan un simple asesinato.



perro de Goya
(Del libro inédito – Perro, de Goya – 1998-99)


¿De qué luz escapa, de qué matiz a la hora en que todavía el sol
/no se sospecha?
¿Qué olor a carne se nubla en su instinto?
¿A dónde correría, al banquete de Cronos, con qué descendencia?
¿Sonríe?
¿De qué liviandad su peso no toma parte y lo sumerje?
¿Emerge acaso? ¿De qué terreno dice la tristeza?
¿Y el sonido de la tristeza cuando cae, de dónde sube?
¿Se lo puede leer en su ojo derecho?
¿Tiene mirada o sólo es ojo?
¿Si fuera mirada, espejo de qué?
¿Busca un vuelo, que águila de qué fantasma en ese cielo si
/supiera?
¿Qué rictus le falta para tener lugar entre quienes? ¿Las parcas?
¿La ingravidez en ese casi baile, un claroscuro aquel cielo, de
/qué pantano?
¿Qué niebla puede decir que lo deriva? ¿A qué se niega? ¿Reniega?
¿Lo encandila, lo adormece o qué?

Si el cuadro se recuesta ¿es posible? las fuerzas cambian.
Faltan y sobran preguntas, otras, que al perro de Goya
tampoco le importan.

((sin título))
(Del libro inédito Redes o Ciudad en su Siglo – 2002-2003)


...un día de diciembre al anochecer
contra cielo de cobre canta
el benteveo en la rama pelada
la arañita negra de la lámpara
come cada tarde su hormiga
de tanto en tanto se puede ver
después de la tormenta
un pichón volteado por el viento
a la mañana cantan pero no sabía
nunca supe
a donde van cuando mueren
los gorriones
no es una pregunta metafísica
tampoco un sueño una figura
digo el cadáver el cuerpo muerto
del gorrión
alguien contó una vez
que los comen las hormigas
arriba de los árboles



((Sin título))
(Del libro inédito Redes o Ciudad en su Siglo – 2002-2003)


caen sobre la playa y son el olvido
es curioso el entrechocar de las cosas
refugiados ahora bajo techo
miro el amor en tus ojos y veo
el gesto y el regreso a tus palabras cruzadas
el mar nos ha hecho creer
que cambia los colores
los veraneantes la tormenta...

el mundo sin esquinas ha quedado atrás
las columnas caen se acallan las gotas
se trata nada más de lo que huye
pendular de la tarde entre la pampa terrosa
y el amarillento de cierta hora
ellos no están allí
los muertos también se toman vacaciones
y nosotros reímos...


para Ida


Palomas en el cable de la luz
(Del libro inédito Palomas en el cable de la luz – 2003-2004)


Caminamos junto al paredón del gran cementerio del oeste
sin martingalas con el viejo trance.
Hay palomas en el cable de la luz.

Peripatéticos de hoy
nada parece falso ni verdadero al sonido de los celulares
el contacto con la palabra todavía produce algunas imágenes
y han evolucionado mucho los medios de transporte.

Los niños geniales gozaron su olimpo y su Fidias,
los altos de lycavitto y el parnaso ahí nomás
ideas de altura al alcance de la mano. Los césares en Roma
obtuvieron sus mil años de humedad cristiana en los huesos...

Las palomas volaron.
Hay cicatrices de caca todavía en las veredas.
Señales en el gran cementerio del oeste.


Mujeres dijo el penado
(Del libro inédito Palomas en el cable de la luz – 2003-2004)


En mi barrio ningún río bordeaba la esquina de las casas y las niñas aprendieron a desconfiar de toda rosa o cosa que les era ofrecida.
Más allá de su impaciencia estaban sin embargo los buenos muchachos
pero como todo el mundo sabe nunca se sabe y las más osadas
eran las que de verdad queríamos.
La medida del corazón joven es lo que importa y por eso
fueron las únicas con quienes aprendimos a esperar.
Ellas
las bien equipadas para horas oscuras que vendrían
esas que los corazones jóvenes y los viejos con esperanza ignoran.

Los de peor entraña las recuerdan pero sin su nombre
o por algunos gestos que les dan la razón.


Gente tranquila
(del libro inédito Árbol de oro – 2005-2006)


Parece
que aprendieron a esperar y alegrarse de a ratos en el paso del tiempo
comprender a ciertos ilusos y poder escuchar diatribas con leve
/desinterés.

Por la voz de los que leen la dirección de los vientos
en las tripas de las cabras que perdieron el monte
reconocen la música de lo poco que todo ha cambiado.

Sonreír y aplacar la furia para no alterar a los que tienen el sueño
/demasiado ligero.

Ellos
de andar mirando con cierta forma de mirar evocan en silencio viejas
/travesuras
y mantienen la luz de lo incierto en el cajón de los objetos que se
/guardan
con unas pocas cosas non sanctas
artefactos demodé y un 38 especial
por si acaso.


Árbol de oro
(del libro inédito Árbol de oro – 2005-2006)


Es fácil ver metal en la copa
brillo de oro con el sol inclinado
primero la mirada con el sol de través
y no hay otra cosa más que simple fresno
una mañana tibia de mayo por la calle del triunvirato
entre el asfalto y las paredes los vidrios
devuelven la escena que pasa
y detrás la mirada rumbo a lo que viene
a cada metro en un día que crece
la calle del triunvirato
donde un árbol que no es de oro
no es más que la mirada
la carga de nuestra ilusión
en un punto de lo azaroso
como ha sido siempre
cuando miramos
detenidamente
algo


Los árboles
(del libro inédito Árbol de oro – 2005-2006)

... esta levedad... tensa demora... seguirá.
Rubén Chihade



... desde la vereda del parque el ginko delante y el roble detrás
a izquierda y derecha esta vez parados en otra parte hay una latitud
persiste entre las cosas roble o ginko en el espacio por fuera de las
/aseveraciones
recuerdo que se ha dicho el árbol no aguarda sabe que ... etc...
las ramas en el hacer verde según su estación el amarillo el rojo y el
/dorado –la hojas están ahí
decir altura y nobleza o lo que sea confirma la distancia entre nosotros
/y las cosas
pájaros en el ramaje mientras insistimos en clasificar se mezclan
atraviesan una visión apenas el aire se mueve sin separar ginko y
/roble según su especie...

... el hombre cada año pinta el membrillo en una película donde otro decide mostrar al hombre y al membrillo
hacer preguntas al que pinta y sonríe
habla poco y mueve los colores
capturar nada contra todo pronóstico

... bajo la luz de la tarde las formas con un sol ausente que la misma
/falta dibuja
sin la imagen se desbarata la figura
sueños de código congelan en el ojo
con las pompas de vacío de cada época
(por ejemplo ahora la palabra pixeles
el brote y el espasmo en golpes de sentido
apurar poetas el terso camino de las
/biologías)...

... la chica pasa y la palabra árbol pasa y corre
la chica de negro rebota en su calzado de colores
más allá de las cuadrículas de toda la tecnología masculina
se pierde de vista y queman en la memoria la cara
y en ella una sola que se aleja entre toda la parodia
cae un compás a tiempo en el redoble cierra bien
la cara su estructura por las avenidas del futuro
ella permanece sola entre tantos condensada y ajena
ningún concepto
el cielo no amontona grumos de acero sobre las cabezas
no hubiera cantado Píndaro a este destello
traza veloz en cosquilleo deportivo

... en otro pasaje un eucalipto
cuelgan los nidos donde las cotorras defienden el territorio
Prometeo sangra por la herida y se queja
por su bien intencionado sentido de la esperanza
¿Retoños de la caridad ahí?
mucho menos en los mitos el poder equivoca su paso
viejo fotograma y cierta opacidad en la imagen
borroneado en los acordes el escudo desasido de las cosas ...

...el hombre pinta su membrillo en la mirada de otro
juega con los claroscuros que juegan con la chica
entre los límites del registro visible y el negro absoluto
muy lejos el sonido y la roca desnuda en la era veloz
la luz es una cosa y la mirada un cascabel
casi mudo a la vasta irradiación
carteles titilantes en el orden binario
el hombre pinta en un costado de la urbe sin límites
la especie y la ceguera y el azar
el hombre pinta y la mirada de otro pinta
en el territorio de los juegos de tómbolas
amarillo y pulpa grácil en la tela

no hay cosmos impiadoso
un devenir
un ahí afuera y nosotros
en esto de oír llover nomás, sentirse vivo
todavía


Puente Saavedra
(Del libro inédito Paisaje Fronterizo – 2007-2008)

Llega un grito a través del cielo. Ya ha ocurrido otras veces,
pero ahora no hay nada con que compararlo.
–Thomas Pynchon–


conjurados con algún bulto que arrastrar
en la zona gris de los apeaderos y los transportes
la opacidad se respira en grandes y pequeños tráficos al paso
se bebe y se come con la niebla de la desconfianza
los gestos no necesitan de nada más
desde un lado del canal Pirata Prentice
[1] cultiva bananas
y espera la parte que le toca en la ruleta rusa del mundo
algo después dos paredes alambradas y una tierra de nadie
ni la grandeza ni la grandilocuencia de la Gran Muralla
en la escena un borracho y un predicador
alguna prostituta un policía y una nena
puede haber un río una cordillera y gente de armas
entre las placas del transformador late una diferencia de potencial
como en todo pasaje también una forma de la teatralidad
presentida en el aire la descarga eléctrica dibuja una fotografía
es previsible por otra parte una solución así
una épica de los bordes
tecnología y redes en el gran carrusel
menos y más explícito que un circo romano
camino al “22” con menos y más peligro por la línea divisoria
vamos y venimos atentos al efecto doppler
cambia el sonido de lo que se aleja
lo que se acerca.

Uccellacci e uccellini [2]
(Del libro inédito Paisaje Fronterizo – 2007-2008)



Alguien dijo algo
sobre la insistencia feroz en lo inútil
me retumban algunas palabras
como una forma de división del mundo
preguntándome

el corazón participa con otras facultades
la insistencia
la ferocidad y la ternura
cierto modo del mirar.


[1] Uno de los personajes de la novela “El arco iris de la gravedad”, de Thomas Pynchon
[2] Título de una película de P. P. Passolini – 1966.

rafael urretabizkaya - poeta de la parodia social - san martín de los andes - neuquén - patagonia - argentina





















De flores


Tenía un vestidito nuevo
los demás no lo supieron
pero yo si

a ella la vestía
a mi me desnudaba


era nuevo el vestido
lo supe
en su mirada
su manera de andar,
pececito por tierra
con su vaivén
ordeñaba mi asombro.




Me voy del barrio


Me voy del barrio
y se viene conmigo,
con perros voy
con gatos
saltamontes bolitas los vecinos,
con el lado de atrás del árbol de los besos.

Voy sintigo
de pechito al otoño
me pierdo pero sigo
entro a tus calles mías
pregunto por mi nombre,
alguien dice me ha visto y yo
no recuerdo claramente si soy ese que dicen
porque sintigo voy,
con Pascual, Rodolfito,
en el caballo dormido del carrito de Lázaro.

Sigue desnudo el foco de la esquina
No hace frío.




Así la cosa


Crucé un vaso de sed
mientras seguía en esa esquina
disimulándome

conseguí vino en caja
un diario añejo

y me vino el deseo
de ofender por igual a ovejas y corrales.

Así es la cosa
patrón,
estoy ilusionado con perderte.




Informe del tiempo


En mi pueblo, este invierno
cae agua
aguanieve
nieve
escarcha,
ballenas heladas
vidrio molido
heladeras sobrantes del plan blanco,
wales disneys congelados
osos polares
y carnadas y peces,
maestras de 3º enseñando el ciclo del agua
cae el mundo en el mundo
cae agua otra vez
y mas agua
bombitas que nos olvidamos en un balde
(carnaval del ´74)
meadas de la sed de un viernes
con quincena,
caen icberg con restos de titanic
y de la teoría de hemingwey,
cae agua de sequías futuras
con reflejos del chivito preguntando ¿dónde?
y la nena ¿por qué?
Y más agua
y agua
y agua
y agua
y agua

llueven también, las pesadillas de astiz y de scilingo
llueve ese primer mate que escupiste
llueve la única lágrima de Hebe
(madera entre cristales)

sin embargo
no están lloviendo cuerpos
como ayer

solo ellos
toman sol en este mismo mundo
otro
solo ellos
entre tanto friolento
en otro idioma
toman sol.






Perro rengo


Salí de viaje y descubrí
que hay en la terminal un perro rengo.
En toda terminal, un perro rengo
espera el ómnibus
justo a la hora que una mamá
despide su pichón.
Los dos fuman pero no
la hermanita
que un poco lo admira,
aunque más que toda cosa
esta feliz,
porque le va a quitar la pieza.

Tiene (el pichón) una bufanda de tres metros
que tejieron a dos agujas
entre mamá y abuela,
y también
un cagazo que disimula poniendo cara fea.

Es que no es fácil irse.

El mundo allá es distinto,
se pierde la pieza.

Y el único que nos espera
es el perro rengo de la terminal
del otro lado.




Lo que saben los maestros


Me dicen
que tengo hormigas en el culo
pajaritos en la cabeza
mariposas en la panza,
que la escuela no es para mí
(¿qué? ¿no es mi hábitat?)



La estadística


Buenas,
yo soy el que aparece en la estadística
y lo agradezco,
me arreglaría con menos, sabe
pero a mis chicos les enseño
a usar la ropa de sus primos,
que no se tira el pan
sin intentar
transformarlo en budín o una tostada.

Bueno aquí estoy,
soy el habitante de la patagonia
vengo
por mi kilómetro cuadrado.




Sarmiento


Trajo maestras de estados unidos
porque aquí nadie sabía nada,
y gorriones,
porque los brutos pájaros locales
tenían harta a la gente
con sus emigradas a destiempo
diciendo pío pío cuando era otra la respuesta
o la pregunta.

Vivimos equivocados
hasta que cambiamos lo aprendido a través de los siglos
por la sanata de estas maestras pajaronas
reprimidas
que envejecieron misMeriando
soñando con jinetear un gaucho
mientras blindaban su chucha extranjera
bajo doce capas de polleras
y de enaguas.
¡Hay mi tierra! Polinizada por
maestras pajaronas y pajaritos destemplados
hasta que la costumbre,
la vergüenza,
o la patria nos demande.




Yo no hago yoga yo


protejo cuerpo y alma con un cartel que dice
“cuidado con el perro”,
mi mente en lugar de respuestas
solo patea preguntas,
mi vida es un puro alboroto porque yo
no hago yoga yo
no tengo para el curso yo
le dije al Bagovit Yastá que me aguante este mes
pero yo-dijo él- tengo que pagar el cable
yo te entiendo le dije y ahora yo
no hago yoga yo
le pedí consejo y me tiró
que elongue el ojo leyendo selecciones
y que en el baño me limpie el poto con mano descambiada
pero yo no tengo constancia
necesito que me digan ¡bien! pero eso cuesta
cuesta ser como un indú entreverado entre tanta parrillada,
pensar que Bagovit
cuando era el pai Ramírez te cobraba lo que puedas
y antes, cuando le decíamos Moco Elástico
gratis, andaba entre nosotros
pero yo
ni sabía que después sería él,
¡ay!
tengo un turno con mi mala suerte
justo ahora que el vino toro también se hizo de los caros
que el otoño se arremanga contra la madrugada
que tengo que salir a cortar la ruta
justo ahora que viene la época de las contracturas
justo ahora yoga no hago yo
no tengo para el curso.




Variaciones sobre la verdad


Cuando sonó que al pueblo venían los titanes
fuimos bañados por la luz de un cometa,
salimos a mirarnos por la calle
hasta quedar convencidos que se trataba de nosotros.

El aire fue distinto
no quedó ni un reflejo de esos que éramos antes
las mamás, las vecinas, todo se hizo extranjero
una nueva manera de estar
nos tomó el cuerpo

sin embargo,
alguien que caminaba por Dorrego y hacia abajo
(alguien que iba para el Industrial o capaz, para el lado de Lázaro)
soltó que estos titanes, los que venían a nosotros,
no eran los auténticos
argumentó que a la misma hora que actuaban en el pueblo
también lo hacían por la tele,
y en el pueblo de un primo.

Ahí nomás,
los creyentes retrucamos
que el colectivo de ellos
rajaba por el aire, como loco
no esperaba por nada, no tenía miedo ni le faltaba nafta
que la tele es toda una mentira y ese primo,
un huevón confundido

igual quedó flotando
un calor que nos conocía por el nombre
un aire rezongón
un pensamiento que luchaba desde atrás de la nuca
por tomarnos los ojos de repente
es decir:
donde había brillado una certeza
ahora camorreaba una pregunta.

Aunque la cosa era a las ocho
a las dos ya estuvimos,
sin bajarnos de las bicis esperamos así,
de la manera que lo hace el que va a crecer de golpe

a las cuatro llegó el colectivo
(uno de línea, de Morón,
feo pero fileteado
raspado contra todo)
de ahí fumando se bajaron tres tipos
charlaron con Elpidio, el cantinero,
ni miraron a los cuatro paisanos
que jugaban al tute,
después bajó otro más, con tres valijas,
Karadagián no era ninguno

al rato en un torino
llegaron otros cuatro,
tenían anteojos negros de turismo carretera
y unas gorras cancheras
aireadas por los bordes,
fumaban y aunque pasaron rápido
Karadagián no eran tampoco

uno rengueaba un poco, pero no tanto como para ser la momia
que como todos saben
renguea parejo para atormentar a su enemigo

ni el cole ni el torino eran medio ligeros
parecían cascajos que pedían disculpas

con Methol y Galeano entramos primero
y nos sentamos adelante,
se acercó el que había bajado tres valijas
y nos mandó hasta la tercera fila
detrás de una piola

arrancaron Tufí Memé contra Pepino
se trabaron y enseguida volaron por el aire,
no aguantaba verlos azotarse contra el piso
tampoco podía cerrar los ojos,
apagaba mi cabeza, la dejaba
como un caldo que se olvida en la olla

Cuando el Caballero Rojo se trepó a las sogas de la esquina
para reventar por fin a Mercenario Jou, (por quien yo sufría aunque a él no lo quisieran ni su padre ni su madre)
pensé que ser,
es algo bien difícil
y ellos a un tiempo eran dos cosas,
que luchar disfrazado es regar bajo la lluvia,
y que así y todo estos tipos, se parecían a algo cierto.

La última pelea de la noche
encontró a dos de los buenos:
Karadagián contra la momia.

De golpe supe cosas que me nacieron solas
como nacen el hambre o los granitos,
que Karadagián era el mismo que temprano
me había mandado para atrás
que la momia era el piloto del torino

cuando Willian Bú arrancó el combate
me saltó al cuello con una doble nelson
¡enfurecida! la pregunta:
¿qué cosa es la verdad?

¿la verdad se hace a golpes?
¿son de verdad los gritos de los chicos?
¿la verdad tiene máscaras?
¿es la verdad lo que da cuerda al mundo?
¿es verdad que los buenos siempre ganan?
¿es la verdad lo que hago o lo que digo?
¿lo callado es mentira o es silencio?
¿la verdad viaja en cole, en torino?

Los luchadores
pelearon algo más
escondidos de ellos,

seguían dándose tortazos
cuando los otros ya cargaban las valijas

Tufí Memé recién duchado se arrimó a la cantina,
Elpidio sin mirarlo le sirvió un cinzano,
los cuatro gauchos que jugaban al tute
se tiraron a menos,
con Methol y Galeano agarramos las bicis.


jueves, noviembre 12, 2009


alexandra botto - poeta de oscuros evangelios - monterrey - nuevo león - méxico



























Al gato que sólo quiso a Harry

A Luis Felipe Comendador


Y según el gato que sólo quería a Harry, aquel rey no perdía oportunidad de levantar falsos castillos en el cyberespacio.
Perdido en su gozo escribía sus versos relumbrantes bajo el alféizar electrónico de su ventana, haciendo saltar su luz por las teclas.

Adentrándose en su reino caminan las hadas callejeras y las brujas despechadas, alicias arquetípicas que celebran junto a dioses de papiro.
Magos y caballeros medievales de la Corte lo miran con envidia.
Y las diosas,… ésas lo miran con lujuria.

Quién verá su rostro somnoliento en las mañanas?
A quién dedicará el rayo violento de la consciencia?

No es más que un hombre, uno lleno de palabras.
Su ego es una flor carnívora y en su andar va crujiendo la emboscada.
Así me lo advirtió el anciano del sendero mientras se alejaba de la tertulia
palaciega.

En su retiro de juglar, en el momento en que nadie lo ve y me presiente,
el rey canta al otro lado del océano, donde sus ojos verdes son iluminados por una cámara web y su canto puede desaparecer con un sólo click.

…….., estás allí?, pregunta.

Y yo le permito hacer flotar mi nombre en la pantalla y gravitar en celo hasta la piel virtual.

Juro que así ocurrió mientras iba en camino hacia el palacio.

(De “Todos mis Héroes”, inédito)


A fuego lento


No
nunca se termina de golpe
siempre son muertes pequeñas
que nos dejan apestando
las heridas

A morir
a rabiar
a extinguir
a doler
porque por sobre todo doler
abismar

mientras nos miramos filosos
y rodamos por el suelo
con el peor instinto devorándonos

Así es como se matan las bestias
en cautiverio

De esta manera es como ha de hundirse
a la noche
a sangre y estruendo


Adherida a un tumulto de adioses


Hemos perecido en la violencia

a la sombra de nuestras murallas

agazapados en una lágrima



Alguien ha visto...


Alguien ha visto mi último geranio?

Lo he perdido en esta iglesia de palabras

en la oscuridad de una noche orgiástica

en mi enredadera de cuerpos masculinos



En medio la noche


Nahual.

Y esta línea muerta agudiza el silencio entre nosotros.

Una ráfaga sibilante hiela tu nuca, sientes que tu cuerpo está lleno de rendijas
y crees que el olor del cempasúchil puede ser verde, poderosamente verde
y lo asumes como un hecho verdadero.
Los olores dejan secuelas en el inconsciente y despiertan con una mínima provocación tus recuerdos de lujurias destrozadas.
Nunca está demasiado oscura la memoria, barranco donde despeñan mil voces con la ira adormecida en la palabra.
Tu piel extraña el vértigo perverso y suave de mi desnudez,
mi rabia murmuradora.
No preguntes quién soy yo mientras crezco en tus sombras.
Soy un nahual etéreo y tú no esperas sentir el frío metal en las entrañas.

Hay un ciego en tu pecho cuando lloras, presientes tu agonía llegar con pesadumbre.
Frente a los nahuales pasa toda la vida de su elegido:
Los pequeños presentes,
los sacrificios auto-inflingidos por querencias,
los rituales, la máscara y los vientos.
Tú no estabas a salvo mientras sonaba el tambor en la tierra.

Y si nada importara más que tu cuerpo desnudo y blanco,
ahora con tu risa haciéndose un punto a lo lejos,
serías el dios de la noche que cruza en mi cabeza.
Escenas de bordes fantasmales emergen de tus sueños,
ciudades amarillas y gastadas donde la voz de tu madre se confiesa:
Señor,
he dado a luz un hijo
que no distingue el Bien del Mal
Encomiéndalo al resplandor azucarado
protégelo de las santas ánimas
de las culposas Yadiras y Brendas
guárdalo de acercarse al carbón
y del nopal

Pero yo te perdoné,
vi tu soledad carcometodo,
pensé en ti con infinita misericordia.
Esparcí el maíz y el mijo,
buscando tu corazón para dárselo a las bestias.
Y porque la Luz sigue a la Luz mansamente
hoy te leo el último evangelio.


Jack el destripador en ciudad juárez


No man’s land, dijo Jack,
y se ajustó la corbata antes de salir.
Los demás leímos en el periódico:
Encuentran otra mujer asesinada.

Protestaron las actrices de Hollywood,
las mujeres en España,
las madres todas,
el FBI,
la ONU.
Los políticos iban y venían
en el carrusel del poder.

Entonces pasaron los años,
los cuervos emigraron a otros ojos
y la tela del vestido fue cayéndose a pedazos.
La cicatriz del rasguño de la última víctima
era casi invisible.

Y a Jack no le recordaba nada.


La suite de aspecto animal


Dos y media de la mañana.

Los faros continúan arrastrando su luz por el asfalto
y la oscuridad apilándose a los lados del camino.

No te das cuenta de tu rostro escarchado por los relámpagos,
de las ramas de tus cabellos suturando la electricidad del aire
y que transforman al viento en una llama transparente.

No hay cielo?

No hay tal.

La mariposa que soñó nuestros destinos dejó en tus alas el resplandor contagiado de mi fantasía.

Mis deseos acechan en tu cuerpo desnudo el vínculo carnal con mi conciencia.
No hay erección ?
No, es un lirio blanco.

Ahora un sollozo confunde todas mis pesadillas y en el silencio encanecido de tu ausencia una idea abandona la tierra..

Ya basta! Desconecten el neurotransmisor, curen las heridas de sus brazos, que permanezcan fijas las imágenes de su neurosis en la pantalla.

No lo acorralen, tampoco lo rasuren, que no escape.
Manténgalo en la zona emocional.
Si es necesario provóquenle una aurora boreal.

Faltan veinte minutos para un poema.


miércoles, noviembre 11, 2009


eduardo robino - poeta de senderos desconocidos - salta - argentina



























Poemas del libro “Hasta que irremediablemente llegue el día”


la mañana

prepara otra contienda mientras hace tostadas.
grita a su niña para que se adelante, el transporte escolar no espera nada,
pocas cosas esperan en la vida.
en la radio volvieron a fallar con el clima, un sol helado desciende sobre las ramas sucias.
Tomás no se ha vestido, ayer no se ha afeitado, tampoco esta mañana irá a buscar trabajo:
el almuerzo será puntual, inmaculado, como toda disculpa.
se ofrece a sí misma la ironía de dejar la basura al lado de la puerta.
levanta su cartera y sube al auto de Mirta, que se pintó los labios en la espera,
ya en la oficina toma el té de la mañana mientras hojea expedientes.
Fernando llega a tiempo, algo perdido, con alguna ocurrencia sobre la chica nueva,
ajusta el pasador y comenta algo sobre sus aros nuevos,
mientras, desajusta la blusa de mercedes, levanta su vestido,
y con delicadeza lleva su mano por la pierna hasta el pubis.
ella muerde sus labios y le desprende el cinto.
en todo juego hay reglas que se dejan de lado.





la cena

la dicroica enmarca la copa de vino, el pescado decorado a dos hierbas,
la pequeña panerita a la izquierda, la servilleta blanca, pesada, regalo de los tíos.
la botella está helada, es de un buen año: el noventa y cuatro fue bueno en torrontés.
Mercedes acerca la copa a su boca y da por comenzada la función para uno,
dejando tras de sí las horas de escritorio, recuperando el brillo de sus ojos.
en el equipo, Parker ejercita su pequeña y solitaria epopeya, que se pierde sobre sí,
hasta que irremediablemente llegue el día.
el vestido suelto, de algodón, permite descubrir el contorno perfecto de los pechos,
el delicadísimo trazo que curva la cadera, el pubis plano.
y ella piensa, al saborear detenidamente cada bocado, cada sorbo anhelado:
“si pudiera yo misma acariciar mi sombra.”

palabras

la última carta, quizás por el lugar común,
fue la de más fácil redacción: “sr. juez”.
costó la de “familia” y, un tanto menos
la de “tío Rafael”. estuvo a punto
de escribir una más. dejó abierta
la ducha, no tuvo fuerza
para hacer un café.
escribió, por ultimo, la nota:
“Florencia: te amé. lo hice por vos.”
lo escribió
con dolor. tomó de nuevo el cargador
y resonaron luego, aún
más fuertes, las palabras
de Marcos esa misma mañana: “voy
a decirle todo, todo, todo
a tu papá.”



azul
A Félix Sabaté Aráoz

repite mentalmente aquellos versos:
“que alegría vivir sintiéndose vivido...”,
que fantástico recordarlos, latirlos
entre las sienes húmedas, transpirarlos,
en el pecho agitado, abarcando
el aún costado tibio de cama destendida:

“María está allí, ha encendido la ducha, despeinada,
estuvo a mi costado
desnudos nos reímos agitados, nos reímos
de todo lo pasado, de la historia infinita,
de las calles repletas y las calles vacías,
de las tazas que abarrotan colillas.
la escucho: me dice nuevamente
que no planeaba nada, que la suerte
nos reencontró esta noche
en casa de Georgina. -yo sabía,
en cambio, que ella iría-.”

el agua corre por sus pezones tibios,
transparente, perfecta.
la escucha, entonces, cantando
lentamente, en baja
voz “azul, y es que este amor
es azul, como de tu mirada nació
mi ilusión, azul, como una lágrima cuando
no hay perdón...”. alcanza el vaso, bebe
un lento trago, tembloroso
alcanza los cigarros:
no se escuchan aún los colectivos y faltan
catorce siglos para la madrugada.



El otoño del saltimbanqui
A Santiago Sylvester

no es el reuma que encrudece los huesos
en este mayo frío, ni las hojas
mojadas, adheridas al suelo
sin poder levantar, vencidas
por el mismo elemento que las hizo
crecer y madurar. no son los años,
aún articulados, enhebrados ordenadamente,
cobijados en la piadosa tristeza
en la que convergen sin contrarios
el dolor y la alegría de los antiguos días.
no es ni la muerte, esperada
como un suceso más
digno de esquelas, de flores o de olvidos
lo que me tiene aquí, debajo
de estás sábanas gratas, aunque innobles.
Es el aire, Pierrot, el que se ha puesto denso,
Es el aire, mon frère, quien me rechaza



murmullos

alamedas dibujadas en los pocillos de café
deslizando sus nombres
en la ventolina templada de febrero
servilletas de lino bordadas y una tetera humeante
un gesto casi imperceptible
entre las manos
el equinoccio de la desnudez
la sinuosidad del sol en los postigos
develando el polvillo que ambula como insomne
hasta detenerse secretamente impuro
sobre la memoria en lavanda de tu desavillé
apenas un desaire
que nos permite atardecer tras el periódico.




el vestido de Jessamine
(sobre una fotografía de Keith Carter)
a Julio Carabelli

En una vieja percha
colgando de una sucia pared
están los breteles vacíos
del vestido de Jessamine
los vuelos del vestido
guardan trazos de lunas con el jazz
disimuladas miradas obscenas
la risa fresca del alma de los negros
del vestido de Jessamine se desprenden
acordes
que no logran dañar
la marcha de los años
que siempre
que inescrupulosamente siempre
nos toman desprevenidos
solos
en la pista de baile.


Poemas de “Lilas talladas en un cristal de roca”


los biblioratos de Caín

hay vestigios de huerta abandonada entre los escombros de la ciudad de Nod,
nada detiene allí la forma del desierto. algunas tiras secas, resquebrajadas,
fueron calabazas allí, en lo imposible, un día. incluso había duraznos
y antiguas vides, casi rocas al tacto sus ramas y sarmientos:
los ciclos de las estaciones no turbarán sin más
las neutras maneras de la eternidad. Las golondrinas
atravesarán dos distintos mares antes de su llegar.

han hablado de mi corazón negro y encontraron ayunos
y tambores más allá del sabbath: mi nombre
ha forjado una lanza que no duerme jamás.

hoy respondí de nuevo las preguntas que hace tanto me hicieron.
nadie puede saber si mi tono ha cambiado, si lo recuerdo
dormido en la ladera, esperando
la noche. no son aquellos vientos
los que volcaron el blanco entre mis sienes,
los que secan mi voz: mi grito desvanece
entre montes de piedra que nadie escribirá.

“llámesele o no, Dios estará presente”, he tallado
encima de mi puerta. nadie me lanzó piedras,
ni han usado hachas ni hoguera para mi redención.
las palabras se han vuelto sobre mí
como la ponzoña de un alacrán. el cuerpo
de mi hermano guarda el último eco
de la ciudad de Sion.


he regresado un día, oculto entre luciérnagas,
mi madre me esperaba: reconoció mis pasos
cubiertos de intemperie, y en el oscuro agosto
sus labios han secado cada uno de mis párpados.

“tu casta está maldita”,
han prometido algunos llegados a mi piel.
una mujer me mira detrás de los olivos.
el aire que la envuelve me ha enseñado sus planes:
siempre hay mujeres dispuestas a perder.

Detrás de las montañas
las estrellas enmudecieron como un aria infinita
desplegada en la arena.
retornará a otro mundo el mirlo
después de su verano. vendrán praderas
donde el trigo y la avena sean de nuevo.
he pedido la lluvia.
Dios ha llorado de nuevo en mi caverna,
furtivo entre los médanos, su corazón
quebrado junto al mío. he pedido la lluvia,
y se ha marchado.



barlovento

hace tiempo que no encuentro al pequeño
que escapaba de la caverna del indio Joe.
no sé si alguna vez el humo de la pipa
lo repondrá en su surco. tal vez sólo ha quedado
la Mompracem destruida, diezmada por la peste,
con columnas de humo visibles desde el mar.

peregrino en los acantilados, espero días
en los que vivir sea barlovento,
y renazcan en mí las flores de amancay,
o alguna vez las brasas,
cuya costra en ceniza disuelve la memoria,
o mis pies descalzos sobre el lecho de un río
que no ha cambiado nunca.
y sano la ceguera del presente continuo,
y he sido los que he sido,
y hemos partido el pan.

“Krakatoa: al este de Java”, su peso de viejo resplandor
a contraluz; no el film, sino la frase que gira en el vacío.
no el volcán, ni los que se fueron a tiempo en esa barca
promulgando el amor frente al desastre.
son los ojos del padre, de joven, en un cine olvidado,
la madre que sienta su resignado cuerpo junto al mío
acurrucado, viendo caer el domingo.
el mar, ensimismado, y una montaña nueva
en la que asientan, como en la creación,
las aves todas.

a veces pienso en Dios
que en agosto huele a mandarino
y existe por momentos,
como un mirlo,
comiendo migas en un patio ausente.