lunes, octubre 27, 2008

graciela cros / poeta de tierna dureza /bariloche /río negro /argentina























En Ancud

Mujeres hamacándose
en la noche del Fuerte San Antonio.

Ellas cruzan el aire
asomando sus piernas
entre las amapolas leves de sus faldas.

Han sacado sus niñas a lo oscuro
y en el envión parecen alcanzarlas.

Fuman graves los hombres
detenidos frente al negro agujero del océano.

Es enero en Ancud, el mes de las visitas.

¿Quién impone el olvido?
¿Quién propicia el misterio que nos trae a esta cita?
¿Es el sur?
¿Es el mar?

Nos protege el silencio.
Debajo de los párpados se desliza la espuma.
En esta isla, lejos, hoy todo sufrimiento se perdona.
¿Quién impone la vida en la noche del Fuerte San Antonio?
¿Acaso el sur, el mar?
Es redondo el instante, extendida la dicha, más allá de sus límites se apura la mañana.


----De “La escena imperfecta”, Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 1996.




Lejos de casa


Lo verdadero ocurre en aguas profundas
y las palabras poco pueden con eso.


Los pescadores han traído un lobo de mar
que por error o azar cayó en la red de congrios y jureles.

Su cabeza ladeada hacia el este cuelga de un escalón del muelle.

No respira.

Tiene un fulgor lechoso en la mirada
y en un breve intervalo pasó de ser protagonista
a convertirse en obstáculo.

Es un hecho fortuito,
un punto irrelevante en la mañana
este lobo muerto por error o azar.

Me recuerda a mi padre
el último día que lo vi.




Genealogía*

Mi hija escribió que yo nací de un huevo en el río
y por eso soy un pez.

Para mi padre era un caracol
entonces debo ser lo que él creía
porque el huevo vino de él.

Sin embargo mi hija dice que también fui yegua
y que siéndolo parí un hijo de algodón
y a otro que está loco y lejos.

Hay uno que
es carpintero / corta madera hasta dejarla como el cuerpo.

No sé si esto
es realidad o ficción
porque una activa yegua de la noche
una auténtica yegua madre carne argentina de exportación
es caballo vaca pez carpintero y loco
carne de caracol
cantora.

Si no fuera porque me hija me clavó en el río
para que no me comieran cuando era huevo
nada de esto hubiera sucedido.


*A partir de una relectura de “Nido de ballena”,de Melissa Bendersky, Ediciones Deldiego, Bs.As., 2001.

-------- de “Libro de Boock” , Ediciones en Danza, Bs. As. , 2004.




Insomnio en Rocha

La almohada huele a cera,
las sábanas a sudor,
el colchón
a orina.

Este cuarto de hotel
no es,
ni lejos,
lo que solíamos entender
por diversión,
amor mío.

Olvidar
el Alprazolam de Andrómaco
a 300 km. de aquí
ha sido
una pésima jugarreta del destino
ya que me he puesto a dudar
de casi todo
y cuando eso ocurre
mi cara se deshace
en amenazas
y me asfixio
en la tensa
cordura
que nos ata.

--------de “La Cuna de Newton”, Ediciones en Danza, Bs. As., 2007.



Siete ángeles españoles

Aprendí a confiar en este hombre
También he aprendido a no saber que espero su llegada
De este modo cuando viene se parece a la lluvia
que limpia y nutre el jardín sin prometer que lo hará mañana

Hay palabras que este hombre no dice
Yo leo el silencio y tampoco las digo
Sabemos en qué moneda cobra lo no dicho
Mientras tanto en el jardín las plantas
florecen se marchitan
Hablo de él cuando callo

No importa que el jardín reconozca la mano que lo cuida
No sé si importa que un cuerpo reconozca a otro
Con este hombre no sé qué importa
pero llega a casa y como el jardín bajo la lluvia
me amplío

Este hombre viene a ofrecer lo que yo espero de otro
¿Lo que trae a alguien se lo quita?
¿Lo que me es negado en alguien se acumula?
Yo recibo de uno
ansío de otro
y no sé qué hacer
Sola
en casa
mirando el jardín
escribo
para entender.

-----------
de “URCA”, Libros de Tierra Firme, 1999



Inéditos, 2008


Invierno

Es agosto, 25, le escribo a Mansilla. El viento sopla caliente. Vaporosos y perplejos, de a ratos pesados y entusiastas, vagamos por las calles flotando como en un espejismo. La realidad ondula. Todo lo que existe se curva. Redondea. Perdido el arte de la conversación por causa de la extranjería, la lengua ajena me sostiene en vilo. Recuerdo unos versos de Idea Vilariño, no sé si cito bien, “Estás lejos y al sur, allí no son las cuatro” y me asombra no tener en quién pensar cuando los pienso. ¡Cómo haré para escribir sin tener en quién pensar cuando escribo! Intento comprender por qué estoy aquí y sólo se me ocurren razones poco valederas. No soy nadie bajo este sol difícil de calificar sin caer en el exceso o el lugar común. Es curiosa esta contingencia en la que carezco o aparento carecer, de historia, identidad o rumbo. Paso el invierno junto al mar, entre palmeras, bebiendo cachaça batida con maracujá, en este pueblo de pescadores ruidosos que ríen de cosas incomprensibles para mí y responden a nombres musicales y extravagantes como Nironi Aluisio o Argemiro Patrocinio. En vano trato de copiar su expansiva alegría. Todo lo que consigo es tachar borradores en los que hablo de pasar el invierno junto al mar, con palmeras.



El día 36

El funcionario de migraciones señala mi documento vencido. No sirve, fala. Le digo que ignoraba tuviera fecha de vencimiento, que ya estoy ahí. Acabo de bajar del avión y mi país fica longe. Todas las fantasías de deportación explotan en mi cabeza. Él no da señales de interés. Está aburrido, mal dormido, tal vez mal pago. Mi explicación le resbala y repite lo mismo con aire cansado. Y además añade que sólo tengo 36 días para estar ahí. Imposible, vengo por más tiempo. 36 días, repite, mira hacia el costado, resopla, repite con fastidio: al día 36 você vai embora. Escenas de Carandiru, Expreso de medianoche y aterradoras cárceles extranjeras cruzan por mi mente intoxicada de cine. Entre el miedo y la incertidumbre se filtra una pequeña idea, no es mucho, apenas algo. 36 días, un plazo, un límite, un final anunciado. Guardo mi documento perecedero y salgo al hall del aeropuerto con la sensación del indultado a última hora.



Nombres propios

Me gustan los nombres propios
más que los comunes.

Detrás de un nombre propio
hay una historia y
me gustan las historias
más que las elucubraciones.

Me gustan los nombres concretos.
Detrás de ellos hay elementos
tangibles, perecederos, en cambio
detrás de las abstracciones
suele haber paja que arde
al primer fuego que cruza.
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